Salón de la Plástica Mexicana | Una vida revolucionaria para pintar la historia del pueblo

diciembre 19, 2025
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Por Lilia E. Cárdenas Treviño

Conocí a Elena en mi juventud, en esos años en que una conversación podía transformar una vocación. Me impresionaba su carácter: sereno pero decidido, firme pero profundamente humano. Cuando más tarde investigué la vida de sus hijas, Electa y Sandra, comencé a adentrarme también en la historia íntima de una mujer que vivió con intensidad cada batalla artística, política y familiar.

Entre los episodios más conmovedores se encuentra el momento en que Electa y su esposo, Gustavo Vargas, decidieron apoyar la Revolución Cubana y se trasladaron a la isla junto con sus hijos, Valentín y Emiliano. Su estancia coincidió con uno de los momentos más tensos de la historia: la Invasión de Bahía de Cochinos, en 1961, cuando Cuba enfrentó el intento de derrocamiento impulsado por Estados Unidos. Aquel ambiente de euforia revolucionaria y tensión internacional marcó profundamente a la familia.

Al saber en qué condiciones vivían sus nietos, y pese al clima político y militar de la isla, Elena hizo lo que sólo una mujer de su temple habría hecho: viajó a Cuba en plena crisis y se trajo a los niños de regreso a México. Desde entonces se convirtió en su guía, maestra y sostén. Durante años Elena fue la responsable directa de su formación afectiva, intelectual y ética.

Con el tiempo mi relación con la familia se volvió entrañable, especialmente con Valentín Vargas Arenal, quien me compartió recuerdos luminosos: la disciplina amorosa de Elena, su manera de convertir la casa en taller y escuela, su sentido de justicia y su vocación pedagógica. Comprendí entonces que el legado de Elena no estaba sólo en sus murales, sino en la huella humana, emocional y ética que dejó en quienes formó.

“Las rusitas”

La vida de Elena incluye episodios que parecen arrancados de una novela. Durante los años cuarenta, tras el fallido atentado contra Trotsky –vinculado al círculo Arenal–Siqueiros– y el clima político en México, Elena viajó con sus hijas a la Unión Soviética. Debido a la Segunda Guerra Mundial permanecieron allá desde sus inicios hasta su final, un periodo que marcaría profundamente su visión del mundo.

Allí convivió con mujeres de distintos países, visitó escuelas de arte, museos y colectivos pedagógicos, y reafirmó la idea de que el arte debía ser una herramienta colectiva, educativa y social.

Al regresar a México, sus hijas –aún pequeñas– eran conocidas cariñosamente por David Alfaro Siqueiros como “las rusitas”, pues habían perdido la práctica del español y regresaban inmersas en la cultura rusa, después de cursar toda la primaria en aquel país. Esa infancia soviética dejó en ellas una sensibilidad particular hacia lo colectivo, comunitario y político.

Para Elena, ser una mujer de izquierda no era una consigna: era un modo de vivir, una ética que sostenía su práctica artística.

Fundadora del Salón de la Plástica Mexicana

Elena fue una de las ocho mujeres entre los 52 miembros fundadores del Salón de la Plástica Mexicana.

Al Salón ingresaron 14 artistas del Taller de Gráfica Popular (TGP), entre ellos Leopoldo Méndez, Pablo O’Higgins, Alfredo Zalce, Luis Arenal, Andrea Gómez, Mariana Yampolsky y Ángel Bracho, figuras esenciales del arte político mexicano.

Elena encarnaba plenamente la visión del TGP: el arte al servicio de la educación, la crítica social y justicia. Su gráfica circuló en escuelas, barrios, sindicatos y publicaciones manteniendo viva la vocación pedagógica del arte.

Su lugar en el muralismo mexicano

La vida personal de Elena la vinculó directamente con el corazón del muralismo.

Casada con Leopoldo Arenal, activista político, hermano del muralista Luis Arenal y de Angélica Arenal, esposa de Siqueiros, Elena se encontró en el círculo íntimo del muralismo mexicano.

Ahí convivió con artistas que reflexionaban sobre la responsabilidad social del arte y la necesidad de construir una estética para el pueblo. De esas experiencias nació su convicción más profunda: el mural debía narrar la historia desde el pueblo y para el pueblo.

400 años en 450 metros cuadrados

En 1973 Saltillo vivía un periodo de intensa movilización social cuando Elena recibió el encargo de pintar un mural para la presidencia municipal. Su llegada fue posible gracias a la gestión del maestro Onésimo Flores, quien convenció al ingeniero Luis Horacio Salinas de la importancia de dejar plasmada la historia de la fundación de Saltillo a 400 años de su existencia.

El mural se inició el 17 de marzo de 1973 y concluyó en octubre de 1975. 400 años de historia de Saltillo es el mural más grande realizado por una mujer en México, con más de 450 metros cuadrados.

Autonomía de la universidad, CINSA–CIFUNSA y un círculo que se cierra

Mientras Elena trabajaba en el mural, Saltillo vivía dos movimientos decisivos:

En 1973 la lucha por la Autonomía de la Universidad Autónoma de Coahuila y en 1974 la histórica Huelga de CINSA–CIFUNSA.

Estuve allí. Participé directamente en la defensa universitaria y acompañé ese movimiento social. De esa experiencia escribí una crónica para la página Aquí Universidad, del periódico El Independiente, que dirigía entonces. Ese testimonio juvenil permaneció guardado durante décadas, hasta que El Coahuilense Noticias lo publicó 50 años después.

En ese mismo periodo, 1973–1974, formé parte de la curaduría de la exposición realizada en la Rectoría de la Universidad Autónoma de Coahuila, un trabajo que entonces no imaginé que transformaría mi relación con el arte y la memoria pública.

Hoy, medio siglo después, vuelvo a Elena desde otro lugar. Escribir sobre su mural no es sólo un acto de investigación, es cerrar un círculo vital.

Electa y Sandra Arenal, el ADN revolucionario

Muralista, grabadora y escultora, la obra de Electa Arenal Huerta (1925–1969) destaca por su fuerza expresiva y su compromiso social. Colaboró en proyectos educativos, participó en espacios del muralismo y llevó su vocación a Cuba, donde vivió temporalmente participando en procesos culturales vinculados a la Revolución.

Sandra Arenal Huerta (1927–2002), además de ser escritora, activista y periodista, fue defensora de los derechos de las trabajadoras y precursoras del periodismo feminista. Su obra da voz a las marginadas y sigue siendo referente de la crítica social mexicana.

Ambas hijas de Elena Huerta prolongaron el espíritu insurgente y humanista de su madre.

Su legado en Saltillo

Con motivo del centenario del nacimiento de Elena, sus nietas Sandra y Ana Elena Maldonado Arenal donaron obra gráfica original de su abuela al Centro Cultural Vito Alessio Robles, donde hoy se resguarda en la sala que lleva su nombre.

Elena Huerta murió en Monterrey en 1997, a los 89 años.

Su legado continúa vivo en cada persona que se detiene frente a su mural y descubre que allí late (entera) la memoria de una ciudad.

DATOS DUROS 

Nombre completo Elena Enriqueta Huerta Múzquiz

Nacimiento 15 de julio de 1908, Saltillo, Coahuila, México

Fallecimiento 1997, Monterrey, Nuevo León

Formación Academia de Arte de Saltillo 

 Academia de San Carlos (1929–1933)

Especialidades Muralista, grabadora, escultora y promotora cultural

Afiliaciones LEAR • Taller de Gráfica Popular

Fundadora del Salón de la Plástica Mexicana 

Militante del PCM

Trabajo social Campañas de alfabetización 

Teatro guiñol (Cueto, Beloff, Méndez)

Estancia internacional Unión Soviética (1941–1945)

Obras clave

Mural en la Universidad Autónoma Antonio Narro (1952) 

400 años de historia de Saltillo (1973–1975) Gráfica del viaje a China (1957)

Autobiografía El círculo que se cierra (UAdeC, 1990)

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