Por Kristel Reyes
Originario de Saltillo, Alfonso López Pérez es abogado de profesión. Durante más de dos décadas trabajó dentro de la administración pública, convencido de que su camino estaba trazado; conocía bien el ritmo de su oficina, las rutas gubernamentales y la vida institucional. Sin embargo, sin darse cuenta, desde niño otra vocación se estaba gestando entre aromas y cazuelas.
En su infancia todas las vacaciones las pasaba en Mérida, Yucatán, de donde era originaria su madre. Ahí aprendió a observar, ayudar y mezclar ingredientes mientras acompañaba a su abuela y a sus tíos en la preparación de cochinita pibil, chicharrón de cazuela y cebolla curtida. Esas sensaciones que marcaron su paladar regresarían años después con fuerza. “Creo que ahí fue donde todo inició”, dice.
Un local que nunca fue bodega
En medio del proceso de su redescubrimiento personal, luego de su culminación como secretario particular, Alfonso y su socio Juan Carlos Villarreal buscaron un espacio para almacenar mercancía para un negocio distinto. En esa búsqueda encontraron una casa restaurada en Bravo #360, entre Aldama y General Manuel Pérez Treviño, justo al lado de la casa de los padres de Juan Carlos. Al entrar Alfonso sintió que ese espacio pedía algo más y así nació Alado Cocina y Cantina.
El concepto fue inspirado en las cantinas tradicionales de Yucatán: botana continua por cada bebida, ambiente familiar y amigable, y un menú sencillo para quien buscara algo más.
Al principio, Alado abrió sólo con cerveza, vino, refrescos y botanas; no había platillos principales. El éxito fue inmediato hasta que, como dice Alfonso, llegó el primer golpe.
“Empezamos a madurar la idea y cuando abrimos, con el respaldo de familia y amigos, nos empezó a ir extraordinariamente bien. Era un concepto 100% botana. Y ahí vino nuestro primer trancazo, que fue de cero a 100 en picada”. Alfonso reconoce que no supo qué ocurrió. Se cuestionaban a sí mismos que estaban muy bien. “Y mi socio me dice: ‘Es que ¿sabes qué? Hay que vender algo más, lo que sea, pero hay que vender algo’”.
Reflexiona Alfonso que como que a la gente de acá no le gusta todo regalado, si no que quieren opciones para que ellos puedan decir: “Pago por un platillo, pago por un postre”.
Entonces –continúa– “me doy a la tarea de los domingos empezar con mi familia a experimentar un menú básico, que es el que actualmente tenemos”.
Suculento experimento
Las primeras pruebas del nuevo menú comenzaron con cortes de carne, pasta, camarones y pollo. Alfonso cuenta que tras la implementación de estos nuevos platillos los clientes regresaron y, con ellos, creció la responsabilidad de ofrecer un menú variado, pero no complejo y con la misma sazón.
“Descubrimos que hoy la gente no va a un restaurante por hambre, sino a vivir una experiencia completa: ambiente, atención y un menú bien pensado. Por eso estudiamos lo que se necesita para ofrecer eso y llegamos al menú que tenemos ahora, que es breve porque creemos que mientras más extenso es, más complicado se vuelve para el comensal”.
Contra todo pronóstico, Alfonso y Juan Carlos decidieron abrir en plena pandemia. Cinco años después, Alado Cocina y Cantina sigue firme: lleno de clientes, familia y amigos fieles.
“Lo abrimos en 2020, tratábamos de darles todas las garantías para que nos fueran a visitar y nos dimos a conocer en plena pandemia, nos arriesgamos, no nos quedaba de otra porque ya teníamos todo armado y le digo a mi socio: ‘pues tenemos que abrir’.
“La etapa crítica la respetamos, pero después ya dijimos, bueno, ya empezaron a abrir centros de comercio, centros de alimentos y ya es el momento, vámonos. Y abrimos contra el pronóstico de todas las personas y ahorita ya llevamos cinco años en el mercado operando, gracias a Dios”, recuerda.
Practicidad
La historia de Alado Congelado nació casi sin proponérselo. Alfonso cuenta que todo comenzó con una minitorta de cochinita pibil que daban a los clientes de Alado Cocina y Cantina al finalizar el servicio de botanas. Este pequeño pero significativo detalle se convirtió en el sello de la casa y cada que ofrecían este platillo los clientes no tardaron en preguntar si tenían comida para llevar a casa. Con esto el antojo se transformó en necesidad y con ella la oportunidad al darse cuenta que las personas querían los sabores de Alado fuera del restaurante.
“¿Y si lo empezamos a congelar y vender al vacío?”, fue la pregunta que impulsó el proyecto –cuenta Alfonso– después de aproximadamente un año y medio de pruebas constantes con envases con film, máquina selladora, alto vacío y el tiempo de caducidad hasta que lograron conseguir una fórmula infalible que hoy da vida a Alado Congelados.
Mientras estaban en el tiempo de prueba y tras un estudio de mercado en Monterrey, Alfonso se dio cuenta que en Saltillo los productos congelados no existían y, a su vez, que las dinámicas familiares actuales rara vez permiten sentarse todos a la mesa ya que algunas personas suelen comer más temprano que otras. Ahí fue donde juntos encontraron la solución de crear porciones prácticas que pudieran prepararse rápido, mantenerse en buen estado y aun así conservar su sabor original sin recurrir a conservadores.
“Son bolsas de medio kilo. Entonces, tú llegas a tu casa la metes en agua caliente y en 10 minutos ya está tu comida hecha sin conservadores. Empezamos a vender primero el charro, luego el cortadillo, el picadillo, la cochinita, hasta tener ahora 16 o 17 productos al alto vacío que acercamos a las familias”, explica.
Actualmente Alado Congelados cuenta con cinco puntos de venta: dos en Ramos Arizpe y tres en Saltillo. De la cocina nació la marca y de ella una línea que hoy busca abastecer hogares enteros.
Otro éxito no planeado
El surgimiento de Alado Tacos fue fortuito, consecuencia natural del crecimiento, pues Alfonso relata que en la producción de Alado Congelados comenzaron a sobrar pequeñas cantidades de guisos: 300, 500 o 600 gramos. Al inicio esto era una ventaja doméstica.
“En la producción de Alado Congelados, cosa muy chistosa, nos empezaban a sobrar de cada guiso”.
Pese a que Saltillo está lleno de lugares para desayunar, pocos están pensados para detenerse, sentarse con calma, pedir un café y conversar antes de volver a la rutina. Alado Tacos busca ser justo ese punto de equilibrio: un lugar rápido, práctico y con sabor de cocina real.
En el local ubicado en el bulevar Jesús Valdez Sánchez 1935 ofrecen desayunos sin menús extensos: casi todo es tacos.
“Definitivamente todos los Alado están llenos de pasión, llenos de hambre por hacer las cosas bien, hambre de que el comensal esté a gusto, hambre de poder dar una experiencia tanto en la cantina, en el congelado en tu casa, como en los tacos totalmente diferente para los comensales”, afirma.
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