Triple Equis: El arte genuino de gustar… y coquetear sin pedir permiso

febrero 13, 2026
minutos de lectura

Por  @ArriagaXxximena

Hombres, por favor no lean esto.
(O sí. Pero hasta el final)

Hay verdades o formas que una aprende tarde, después de algunos osos, entre risas nerviosas y muchas pláticas de amigas. Será que estaba ocupada agradando, encajando, sobreviviendo a la opinión de los demás…

Esto es una confesión con intención respecto de coquetear. Hay dos gestos de seducción que a mí me funcionaron. Seguro mi mente juvenil las leyó alguna vez en la revista Cosmopolitan y hoy deben vivir recicladas en TikTok con música sugerente. Al parecer, algunos trucos no envejecen; se vuelven poder.

Aquí valoramos con vehemencia los cinco sentidos, y he descubierto que el olor es tan imperceptible como contundente. Tal vez te ha pasado, a veces, que tú ya no percibas tu aroma. Los demás sí… Y aun cuando recomendar el uso de perfume no suena a técnica sexy, sino más bien a norma de urbanidad básica, debo confesar: exageré esta vez.

Recibí alguna vez un mensaje totalmente inesperado, como llega todo lo que te provoca una sonrisa enorme:

“Encontrar tu aroma entre mis cosas en algún momento del día me enloquece”.

Me sentí un poco perversa al dejar rastros para hacerme presente sin estar corporalmente. 

La escena fue clásica: hacía frío, me presta la chaqueta, nos subimos al coche, él se baja a comprar algo. Yo busco el celular en la bolsa y me topo con mi perfume. Y mi mente cabrona dijo: “¿Por qué no?”

Lo rocié directamente dentro de la chaqueta y me la volví a poner. Esta vez, no lo dejé al destino. Me reí sola de mi intensidad. Cuando regresó, yo tenía cara de traviesa, pero no dije nada, nos sonreímos, todo siguió normal. Pasó el tiempo y pensé, mi travesura no tuvo efecto.

Dos semanas después, llega ese mensaje.

¿Por qué esperar a que las cosas sucedan si existen perfumes de bolsillo y cualquier situación podemos convertirla en oportunidad (risa traviesa, de nuevo)?

El segundo gesto no es sutil, necesitas traer el cabello suelto. Estar frente a frente, con su atención puesta en ti. Empieza a jugar con tu pelo como si fueras a recogértelo en una cola de caballo. Conecten miradas. Sonríe. Pero sonríe de verdad. Intenta decirle con tus ojos y movimientos lo que sientes en ese momento compartido, la vibra entre ustedes, lo que se provocan.

No sé realmente si es el movimiento, la sonrisa, la confianza que proporciona juguetear o sentirte sexy, pero algo hace click. Lo juro, funciona. Se combinan sensaciones y energía.

Si hasta aquí esto te parece absurdo, tal vez no eres tú, soy yo pues sólo te comparto mi experiencia. Pero si de plano no tienes ni una manera de coquetear, debo decírtelo, hermana, sí eres tú. Tal vez no te estás sintiendo conectada contigo misma, la seducción empieza desde dentro. 

Aquí va un reto de self love  –del bueno, no del cursi–.

Usa alguna app o filtro para agregar fecha y hora a tus fotos. Retrátate cada hora. De lo que estés haciendo justo en ese momento, sin fingir pose o esperar algún momento especial en tu día. Guárdalas, compártelas con tu special someone o mándamelas en X a @arriagaxxximena. Neta y nota: eres más bonita de lo que piensas.

En esas imágenes aparecen partes de ti que has pasado por alto, fracciones de tu día que son tu propia vida. Te das cuenta de cómo marchan tus horas. Y, a lo mejor así sin notarlo, empiezas a mirarte distinto. No siempre tienes que fotografiar tu cara: también pueden ser tus manos, tu perfil, tus ojos, etcétera. No importa si estás en el trabajo, al volante, o en la cama deshecha.

Esa dinámica la hicimos en un grupo de amigas. Todo empezó por una, quien al intentar abrir Tinder se dio cuenta que no tenía fotos donde saliera sola –omg– y alguien vio un trend donde amigos se tomaban y compartían una imagen cada hora. Así que lo hicimos.

Tomarlas y compartirlas de una u otra forma nos ayudó a empezar a gustarnos. Permitió vernos diferente a nosotras mismas y las historias de las demás: las jornadas eternas, las horas manejando, los lugares en donde nos desenvolvemos, lo poco que dormíamos, nuestras preferencias o diferencias, las comidas, las diversas maneras de sobrevivir. A veces pasaban horas sin movernos del mismo lugar y en algunas ocasiones le echábamos más ganitas a nuestro arreglo motivadas por la foto.

Esto del amor propio no es tan común como se piensa. Muchas personas no se sienten atractivas, evitan verse, odian retratarse o se esconden detrás de filtros. ¿En qué momento vamos a mirarnos sin pedir permiso? ¿Cuándo vamos a poner toda la atención en nosotras? ¿Vamos a escuchar al cuerpo, a experimentar la energía y enamorarnos de quienes somos, de nuestra propia y única versión?

Sí, sé que mis primeros comentarios fueron para atraer a alguien más. Pero aún mejor, funcionan contigo. Gustarte es el primer coqueteo.

Mientras dependamos del juicio (o del deseo) ajeno, nuestra felicidad va a estar incompleta. Empecemos por aceptar quienes somos… nuestro pelo, las pestañas, piernas, cara, manos, pies, etcétera.  

Reconozcamos con honestidad nuestra alma materializada. Cerremos los ojos y tratemos de sentir cada parte hasta el dedito chiquito del pie izquierdo. Reconozcamos cómo el cuerpo se compone de cada elemento y aprendamos a habitarlo con deseo.

No esperes el elogio de nadie. Ni el mensaje que hable de tu aroma. Tienes 24 horas para olerte, verte, tocarte y apreciarte completit@. No te rindas fácilmente porque permear el alma a veces lleva su tiempo. 

Pero eso sí, después de gustarnos, coquetear será una consecuencia no intencional pero sí evidente.

MÁS DE LA AUTORA:

Edición Impresa

Lo último de

Círculo Rojo: Más Cuerda

Hoy en Círculo Rojo: Tras instalarse en la silla, Luis Jorge Cuerda excluye a oposición en una foto facciosa y poco institucional.

Don't Miss