El momento que cerró la sesión, una vez más, estuvo a punto de resultar en violencia. Tan es así que los naturales aliados de Antonio Flores Guerra, salieron a rechazar el momento en el que simpatizantes petistas invadieron la herradura parlamentaria y uno de ellos se abalanzó contra la presidente de la Mesa Directiva, Marimar Treviño.
Fueron el panista Gerardo Aguado y el morenista Antonio Attolini quienes intercedieron frente al desbordamiento, plantando cara a la canalla. Attolini, en concreto, condenó lo ocurrido en sus redes sociales y declaraciones a la prensa, un reproche justo a quien tanto ayudó y con quien fue solidario hasta hace poco.
Y es que, los morenistas terminaron dejando solo al petista por su conducta.
El episodio es inadmisible, una vez más, por la desmesura de una familia que ha decidido llevar su reclamo a condiciones de confrontación que no se habían visto en la vida pública del estado y por el que no han tenido consecuencia.
El origen
Como se tenía previsto y esta columna anticipó, Flores Guerra llegó al Congreso llamado para ocupar su curul por la presidenta de la Junta de Gobierno, Beatriz Fraustro. Como se sabe, en semanas precedentes, el muzquense fue suspendido por sus inasistencias constantes. El lunes demandó un amparo y lo consiguió el mismo día.
Hasta ahora es difícil determinar por qué se aceptó el acto constitucional si no había sido notificado formalmente. Lo hizo Tania Flores y un abogado. Aun así, fue llamado. Pero al llegar, otro amparo había sido notificado, también de manera informal, por Fernando Rodríguez, el suplente de Flores Guerra.
La decisión fue por demás extraña y habría que revisar las condiciones de legalidad: aceptar la presencia de Tony pero no permitirle tener voz ni voto en la sesión.
El lío ocurrió precisamente cuando Tony solicitó la palabra, la presidenta de la Mesa Directiva, Marimar Treviño, invocó dos escritos judiciales sin precisar cuáles. Antonio Flores exigió que se les diera lectura y como no pudo hacerlo, no quiso o, con la sinceridad que tuvo “no estaba en el guion”, los acarreados de Tony se alteraron.
Para ese momento ya había increpado hasta prácticamente no dejar hablar a la priísta Edna Dávalos, quien quedó al frente de la Diputación Permanente, cuya integración también fue decidida ayer.
Edna Dávalos es una parlamentaria experimentada que suele dar el debate y tiene las mayores habilidades argumentativas para ello, lo que le ha granjeado el encono de algunas personalidades, entre éstas, la de los Flores Guerra que por segunda ocasión, orientan a su gente para reventar la sesión.
El consenso con Riquelme
Entre las decisiones relevantes tomadas en el Congreso, Miguel Ángel Riquelme Solís fue aprobado como alcalde sustituto en Torreón. Lo logró de manera unánime, consiguiendo que todos los grupos y fracciones parlamentarias apoyaran la propuesta en una votación que se concretó con un aplauso de pie entre legisladores y algunos presentes.
El apoyo a Riquelme tuvo su contraste en una ausencia: Felipe González, el famoso “Felipao”, estaba considerado para acudir a la sesión, fue mencionado al inicio de esta pero sencillamente no se presentó. Una curul vacía y la falta de un voto (que por lo demás no hizo falta) fueron leídos por propios y extraños, sobre todo por propios, como un desaire deliberado.
Mañana asume
Mañana, al mediodía, en la sala de Cabildo de Torreón, Riquelme Solís tomará protesta formal iniciando una nueva etapa en su trayectoria política. La ausencia definitiva, y por demás lamentable, de Román Alberto Cepeda, dejó huecos significativos políticamente hablando y, naturalmente, una nueva clase política que intentó encarrilar hacia el futuro y cuya permanencia en el ayuntamiento es incierta.
Por otra parte, la edición impresa número 90 de El Coahuilense Noticias, que acaba de entrar en circulación, presenta una serie de retos para la administración riquelmista por iniciar, así como la unanimidad que entre diferentes actores políticos y sociales ha conseguido en la llamada “Perla de la Laguna”.
La demandante del IEC
La renuncia de Mónica Dinorah Ortiz Cinco, como directora ejecutiva de Paridad e Inclusión en el Instituto Electoral de Coahuila (IEC), ha causado una nueva polémica por las quejas por supuesto maltrato de la consejera Leticia Bravo Ostos, quien preside la comisión correspondiente.
Pero hay más de fondo en el breve período de su estancia en el IEC que inició en noviembre pasado con un nombramiento como encargada. Al menos, se cuenta una queja por acoso de uno de sus coordinadores que debió resolverse mediante una conciliación.
Información obtenida por este espacio, constató que en diciembre, para una sesión referida como una de las de maltrato, la entonces funcionaria no presentó los Lineamientos de Paridad y quedó mal, de manera que, en las semanas siguientes se le estuvieron haciendo correcciones.
Lo peor vino con el proceso electoral. Según trascendió, Ortiz Cinco, por la posición que ostentaba, era primera respondiente a cualquier queja por cuestiones de género, en especial, por aquellas que tenían que ver con violencia política en razón de género, pero desatendió el teléfono cuando se presentaron situaciones durante el proceso.
Pero hay más. Resulta que esta no es la primera ocasión en la que Ortiz Cinco sale mal de un empleo. De acuerdo a los registros judiciales, en su trabajo anterior inmediato en la Comisión Nacional de Víctimas, de la Secretaría de Gobernación, terminó demandando en medio de un procedimiento laboral burocrático. Así que, por lo visto, experiencia tiene en problematizar a sus antiguos empleadores.
Cierra Cintia su casa
El diputado priísta electo, Hugo Dávila Prado, publicó una fotografía afuera de un centro comercial, rodeado por varios de sus coordinadores electorales, es decir, aquellos que le apoyaron en campaña.
Expuso en su post que volvía a territorio no como otros que cerraban y ponían sus oficinas en renta, rubricando con un “el que entendió, entendió”.
La referencia no tan velada era a que, con la plaza comercial de fondo, se lograba apreciar el anuncio de “Se renta” en el local que la diputada federal Cintia Cuevas y el excandidato del distrito 11, Fernando Hernández (ambos archirrivales de Hugo Dávila), ocuparon como casa de gestoría.
Así que si usted no entendió, ya tiene la explicación.
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