Claudia, SomosPRIAN y los enemigos en casa

julio 20, 2026
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Por Alejandro Páez Varela

1. La final

Apenas anunció su gira a Nueva York para asistir con Donald Trump a la final del Mundial –algo que habrá envidiado casi cualquier mandataria o mandatario del planeta–, en México se le vinieron encima. Increíble. Algunas de las críticas eran tan mezquinas y poco razonadas que ni siquiera vale la pena repetirlas. Casi todas se centraron en que, como Claudia Sheinbaum regaló su boleto para la inauguración, no debería ir a la clausura porque es “una incongruencia”. Tonterías del tamaño de montañas. El argumento es tan mediocre que sólo pudo venir de intelectuales y comentadores vinculados a TV Azteca, es decir, de toda la oposición. La falta de inteligencia dentro de la televisora es notoria años atrás, pero se ha evidenciado en tiempos recientes y se entiende: los “analistas políticos” y periodistas de Ricardo Salinas Pliego todavía hablan del “comunismo”, vienen de cubrir noticias sobre el chupacabras o de las alfombras rojas, y apenas podrían distinguir entre géneros periodísticos. No critico de dónde vienen y tampoco que se dejen usar. Sólo digo de dónde emana la “inteligencia” de la televisora.

No me gusta el futbol. No me gusta la mafia futbolera y soy FUCK FIFA al 100 por ciento. Puedo entender que ella vaya porque, si fuera mi trabajo, yo iría. Sheinbaum no fue porque quisiera estar en la final del Mundial. Decirlo es básicamente pereza mental. Fue a verse con el hombre más poderoso e inestable del planeta. Les garantizo que no vio el juego. Que estuvo calculando cada palabra porque de esa relación dependen 130 millones de personas en casa y 38 millones en un país ajeno. Estuvo razonando en que, si hay una oportunidad, debía sugerirle, suave pero sólida, que firmara el papelito que relanza 16 años el T-MEC. Estuvo razonando cómo ser amable sin que el tipo las sienta demasiado amable y a la vez no dar pie a que, en sus sesiones públicas de macho tóxico, quiera humillarla como lo hace con todos los que tienen la desgracia de tener que convivir con él. Les garantizo que Sheinbaum se dio cuenta del primer gol por los gritos, no porque estaba siguiendo la jugada. La veo.

Pero sobra deshonestidad y falta inteligencia en nuestros días. La oposición se volvió un apéndice de TV Azteca en un país donde han brillado los opositores, incluso los de derechas.

Si iba, era frívola. Si no iba, era pueblerina. Qué predecibles son. Hace tiempo que no sorprenden y, es más, hace tiempo que dejaron de pensar: el odio les ha calcificado las neuronas. La oposición, el SomosPRIAN, se ha degradado a niveles impresionantes y me lo explico de esta manera: dedican demasiado tiempo a la venganza y muy poco en construir un proyecto de Nación. Por eso no frenan la caída. Por eso lo único que pueden destilar es hiel.

2. El socio miserable

Voto izquierdas. Desde siempre. Me tocó ver a muchos antes que yo luchar de distintas maneras contra el régimen priista opresor. Y puedo preguntarme, como lo hago hoy, por qué nunca he votado por el Partido del Trabajo. Mi vida civil empezó en 1988, en el fraude contra Cuauhtémoc Cárdenas. Poco después, en diciembre de 1990, nació el PT. Pero nunca le he dado un solo voto. ¿Por qué? Nunca lo había razonado así. Creo que es por muchas razones. No creo en la franqueza de su lema (“Unidad nacional, todo el poder al pueblo”) ni en la manera en que han conservado sus prerrogativas. El PT es un parásito descarado y ruin, capaz de provocar desunión y siempre listo para aliarse con los enemigos del pueblo si eso le deja ganancias. No agradece la amabilidad de su huésped o, dicho de mejor manera, le muerde la mano al que le extiende el pan.

Y un buen ejemplo de lo que escribo es lo que ha pasado en Baja California. Antes, debo decir esto: no sé si la Gobernadora Marina del Pilar Ávila esté vinculada con ilícitos. Lo que sé es que no tiene visa a Estados Unidos y que en grabaciones recientes se le escucha ofrecer a los gringos información confidencial de las Mesas de Seguridad a cambio del permiso para viajar a Estados Unidos. Si es así, debería pedir licencia. Si su visa vale más que la soberanía de su Patria, merece la visa y que su Patria la trate como traidora. Pero no hay confirmación de hasta dónde son reales esos audios y de que ella esté involucrada en un ilícito. No hablo de su exesposo, un calderonista reciclado por Morena, del que en el pasado ya hablé lo suficiente.

Gran parte del ruido que trae Marina del Pilar –y de eso sí hay confirmación–, viene del PT. Lleva tres años haciéndole campañas sucias a la Gobernadora morenista con la esperanza, creo yo, de que Morena se desfonde y captar ese voto. Son tres años socavando su mandato, acusándola sin pruebas de narcotraficante. Su ariete es Jaime Bonilla Valdez, a quien ustedes pueden recordar por episodios peligrosos o de ambición extrema. Uno de ellos es el sospechoso asesinato de la periodista Lourdes Maldonado después de que ella le ganara un juicio; hay mucho escrito sobre eso. El otro episodio es cuando intentó vulnerar la Constitución estatal para hacerse elegir para un segundo mandato como Gobernador. Un tercero son las graves acusaciones, que vienen de tiempo atrás, de que es un extranjero con pasaporte mexicano, que trabaja para agencias estadounidenses. Son apenas tres episodios graves. Marina del Pilar lo acusa de corrupción y no es la única: tiene denuncias de peculado, abuso de autoridad y uso ilícito de facultades.

No es el único estado donde el Partido del Trabajo opera abiertamente contra Morena, que es el brazo de la Presidenta. En Oaxaca, como es sabido, movilizó un voto masivo contra el Gobernador Salomón Jara Cruz durante la revocación de mandato y en Coahuila, también muy sabido, prefirió que el PRI cumpliera 100 años en el poder a reconocer, vía Ricardo Mejía Berdeja, al candidato morenista.

Voto izquierdas. Desde siempre. Nunca he votado por el PT y les puedo documentar, elección tras elección desde 1990, por qué considero a ese partido un parásito sin escrúpulos. El PAN al menos se dice de derecha y últimamente de ultraderecha. Ya sabes qué es. Si votas PAN, no te quejes si cancela derechos porque eso es el PAN. En cambio, si votas PT porque esperas unidad nacional o poder para el pueblo, te engañas. La unidad es cuando convenga y el poder es para Alberto Anaya, el parásito mayor, el que ha administrado ese partido como empresa familiar desde que Carlos y Raúl Salinas lo vieron con ese ánimo.

3. Es la guerra

Sobra deshonestidad y falta inteligencia en nuestros días. La oposición se volvió apéndice de Salinas Pliego en un país donde han brillado grandes opositores, empezando con Rosario Ibarra de Piedra o con Demetrio Vallejo, pasando por Heberto Castillo o el mismo Andrés Manuel López Obrador. El partido de Claudio X. González, el primero armado casi exclusivamente con influencers de la red social de ultraderecha X, es un buen ejemplo de la pobreza intelectual de la oposición mexicana contemporánea. Y adelanta su destino. Su mejor candidata o candidato es el que más seguidores en X tiene, imagínense, no el que más puertas ha tocado. Guadalupe Acosta Naranjo, su líder, no ha ganado una sola elección en su vida. La mayoría nunca ha recorrido una colonia repartiendo volantes o platicando con los vecinos.

Por eso sostengo que el reto de Morena no está en el PRIAN y en los rosados de Claudio Equis. Su verdadero reto está en entender cómo contener a los de adentro.

Y un buen ejemplo de lo que escribo es Jaime Bonilla Valdez, quien ha sido delegado de los programas del Bienestar, Senador y Gobernador en 2019 para un mandato constitucional de dos años. AMLO lo impulsó y era obvio que Morena lo consideraba un cuadro fuera de lo ordinario: era de los pocos empresario cuatroteros de ese momento. Quiso extender su mandato otros seis años alterando la Constitución con la llamada “Ley Bonilla”; no tuvo apoyo y no pudo. Entonces, la llegada de Marina del Pilar le significó ceder todo: control político, administrativo, judicial. Y luego, ya en el poder, la Gobernadora decidió dar marcha atrás a muchas decisiones arbitrarias del testarudo Bonilla. Y vino la guerra. Fue cuando le canceló de manera definitiva el contrato y la construcción de la planta fotovoltaica de Next Energy en Mexicali. La nueva mandataria detectó irregularidades, falta de permisos federales y daño al erario. Bonilla enloqueció.

El exgobernador había intentado amarrar el poder más allá de su mandato. Varios ejemplos: intentó formalmente limitar el proceso de entrega-recepción para que una Administración entrante no pudiera fiscalizar a la saliente; intentó ampliar el periodo del Fiscal General a nueve años para cubrirse la espalda; intento ampliar el periodo del recaudador del SAT local y dejar a una incondicional; intentó incluso concesionar los Ceresos para que fueran operados por sus beneficiarios. Y más: antes de dejar el poder del todo, Bonilla intentó municipalizar los organismos operadores del agua para darle el control a sus aliados en los municipios; era una manera de mantener bajo su pie el dominio político, la recaudación, los contratos y la operación territorial a partir del gran negocio de la sed en un estado con estrés hídrico.

Y luego vino lo de Next Energy. La nueva Gobernadora se asustó cuando vio el contrato de 40 mil millones que prometía solucionar el abasto de energía en una asociación público-privada. Dijo claramente que era un robo. Lo canceló. Bonilla enfureció y abiertamente se lanzó contra Marina del Pilar. El caso activó un proceso penal contra Bonilla y contra exfuncionarios, y no fue el único: en la Secretaría de Salud estatal iniciaron investigaciones por mal manejo de recursos; en la Secretaría de Educación se recogieron denuncias por contrataciones y compras irregulares.

Y la gota que derramó el vaso: la Gobernadora no incorporó a los bonillistas en su equipo como tampoco López Obrador acogió a Bonilla para cargos federales. Empezaba su aislamiento político, su enojo, su deseo de hacer daño y su frustración. ¿Y quién le abrió las puertas a semejante adefesio? El Partido del Trabajo.

La campaña de Bonilla contra Marina del Pilar pasó sin que Morena metiera mano. Pasó en las barbas de Mario Delgado y recrudeció en la gestión de Luisa María Alcalde. Los dos debieron someter a su socio político porque salía de la operación de la Presidenta Sheinbaum. AMLO hizo lo suyo para contener a Bonilla; debieron contenerlo Delgado y Alcalde, y no lo hicieron.

Cuando María del Pilar dice que Bonilla le otorgó los contactos que luego la grabaron, hay un dato que ella no dice y que un día, cuando venga al caso, detallaré. Los dos estaban en un periodo de paz porque la Presidenta intervino, a mediados de diciembre pasado. Los reunió. Pero Bonilla preparaba una trampa. Porque yo sí creo que fue una trampa. Una trampa con aval del Partido del Trabajo –y bajo la mirada pasiva de Morena– porque sobra deshonestidad y falta inteligencia en nuestros días.

Colofón: El reto de Morena no está en el PRIAN y en los rosados de Claudio Equis, tan faltos de nobleza, como vimos con el episodio del viaje de la Presidenta a Nueva York. El SomosPRIAN está instalado en la mezquindad; llevan su ruta y no es hacia el cielo, y el tiempo se encargará de demostrarlo. El verdadero reto de Morena está en entender cómo ponerle límites a los de adentro. Porque el daño real se genera desde adentro. Germina adentro e inexplicablemente se tolera desde adentro. Y no sólo es el PT o el Partido Verde: hay muchos innobles dentro de Morena. Si no se les contienen, nadie se queje de los puñales clavados en la espalda. Y el caso Bonilla es un buen ejemplo.

SinEmbargo

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