Por Alejandro Páez Varela
Muchos retos se han acumulado sobre la espalda de la Presidenta de México en pocas semanas. Algunos son coyunturales y otros estructurales. Y están los que son combinados. Los ataques salvajes de la ultraderecha y de Ricardo Salinas Pliego son coyunturales, aunque se extiendan hasta 2030. Es un ejemplo. Pero la falta de inversión privada es un fenómeno estructural, del tipo de país que construimos en las últimas décadas y de la calidad de iniciativa privada que las autoridades impulsaron. Y el T-MEC es un reto combinado: el nerviosismo viene del sujeto que habita la Casa Blanca, mientras que la dependencia a Estados Unidos es una emergencia estructural.
Claudia Sheinbaum necesita lidiar diariamente con los halcones de Washington, como queda claro. La mala noticia es que nunca van a dejar de fastidiarnos y la buena noticia es que habrá ocasiones en que tendrán que bajarle de tono para concentrarse en sus propios asuntos. Mientras México no se vuelva una obsesión para ellos, podrá mantenérseles a raya un día a la vez. Así ha sido y así será. Espero.
De todas las pruebas de Sheinbaum, hay algunas muy manejables. Salinas Pliego es muy manejable. Sí, sí, el tipo es insufrible, pero su obsesión de culpar a otros por sus errores lo hacen muy vulnerable. Está enojado porque él se encargó de quemar una fortuna formidable de más de 10 mil millones de dólares en tiempo récord, pero quiere culpar al Gobierno por sus decisiones. Bien sabe que “zurdos de mierda” es una frase para sus seguidores y para satisfacerse él, pero no le importa un carajo al mercado.
Salinas Pliego es del tipo de problemas que se consumen solos. Sus deudas tienen plazos y su dinero tiene límites, a pesar de que él lo pone por encima de todas las cosas. Cada vez que alguien cree que es un mal empresario, él mismo se encarga de decirle que es mucho peor como político. Y como dueño de medios. TV Azteca se volvió oficialmente el aparato de difusión de un movimiento elitista de ultraderecha, aunque su base de negocio es la clase media-baja y baja. Algo no checa. Hace unos días, Fernando Peinado y Julio Núñez narraban en El País cómo, según fuentes cercanas, el magnate llegó a un acuerdo para financiar con seis mil dólares mensuales durante seis meses a Javier Negre, el madrileño considerado como la fábrica de noticias falsas. Por seis mil dólares, el tipo se baña en un charco con mierda. Así. “Pero el millonario quedó descontento con el ‘escaso’ impacto y el comportamiento de Negre, quien, dicen, le decepcionó. Negre niega haber sido financiado por Salinas, a pesar de que éste subió al escenario de la CPAC Argentina de 2024 para decir que ‘hay que meterle lana a los medios que dan la batalla cultural’, como había pedido Negre durante su intervención”.
Y si Salinas Pliego es un problema que se consume solo, la oposición mexicana no anda mejor. Hay que separarla del dueño de TV Azteca porque operan con lógicas distintas. El PRI no le sonríe a “don Ricardo”, por ejemplo. Para “don”, pues sí, “don Alito”, Alejandro Moreno Cárdenas, quien quiere ser candidato presidencial porque eso lo aleja aún más de ir a la cárcel.
En general, la oposición es una ensalada de egos que sabe dulce. Para Sheinbaum es un mayor desafío controlar al Partido Verde que enfrentar a PAN, PRI o Movimiento Ciudadano, juntos o separados. Y olvídense un rato del partido de Claudio X. González, que lidia con su propio lastre. Ya le cuento más adelante sobre eso.
Momentos poderosos
Las elecciones federales intermedias tienen muchos propósitos, además de la renovación de gubernaturas, alcaldías, congresos locales y el Congreso nacional. Son, también, una medición temprana de la elección presidencial por venir. Someten los liderazgos partidistas a una auditoría y actúan como un termómetro razonable y anticipado de la profundidad de las políticas públicas aplicadas en el periodo.
Las intermedias son elecciones cargadas de sorpresas. Dos ejemplos, en dos polos: en 2021 descalabraron a Andrés Manuel López Obrador y a Sheinbaum en la capital de la República, y algunos calcularon –y calcularon mal– que ella quedaba fuera de la contienda de 2024. Y antes, en 2009 –segundo ejemplo–, llevaron a Germán Martínez Cázares a convertirse en el primer dirigente nacional del PAN en renunciar por su fracaso, y anunciaron a Felipe Calderón lo mal que estaban él y su partido; tan mal, que Acción Nacional pasó a tercera fuerza electoral en 2012.
En 2027, las elecciones medirán a la izquierda y el desempeño de líderes muy puntuales: de la Presidenta Sheinbaum; de la cabeza de Morena, Ariadna Montiel, y de Clara Brugada, Jefa de la capital-estado que es, además, el bastión histórico del progresismo mexicano. Y de allí para abajo. Medirá a gobernadoras y gobernadores que entregan la estafeta; a alcaldes de ciudades de peso, cuya votación podría mover tendencias nacionales, etcétera. Es una elección que se ha robustecido recientemente porque, para generar ahorros, se están alineando todos los procesos sueltos para que concurran en ciclos de tres años.
Antes de esta medición habrá otros momentos que impactarán directamente en el Gobierno de Sheinbaum.
El primero es la publicación del informe bianual de medición de Pobreza Multidimensional, que el Inegi libera en agosto de este año, es decir, el próximo mes. Las medición de la pobreza en México se realiza cada dos años. Calcula carencias básicas como rezago educativo, acceso a servicios de salud, calidad en la vivienda, servicios básicos, acceso a la alimentación o a la seguridad social. Durante el Gobierno de AMLO, 13.4 millones de personas salieron de la pobreza y la tasa nacional de pobreza multidimensional se redujo al 29.6 por ciento. La pobreza bajó del 41.9 por ciento al 29.6 por ciento durante su sexenio. Batazo largo por el jardín central… hasta jonrón. El dato dio oxígeno a la izquierda de México y de América Latina porque demostró que es posible atender a los más pobres sin desatender al resto de los sectores económicos. De ese tamaño. Veamos qué dice sobre el arranque de Sheinbaum.
El segundo momento es la elección intermedia de Estados Unidos. Es en noviembre, es decir, en menos de cuatro meses. Medirá a Donald Trump y es muy probable, porque sus niveles de popularidad están por los suelos, que lo obligue a concentrarse en la vida doméstica. Probablemente 2027 sea el año de su juicio político por todas las que debe, empezando por la corrupción descarada hasta por los aranceles, la guerra en Irán, el apoyo al Estado genocida de Israel, los archivos Epstein, la obstrucción de la justicia, la obstrucción de elecciones, etcétera. No la tendrá fácil y voltear a otro lado que no sea el Capitolio puede costarle la cárcel. Así que el primer semestre de 2027 se la pasará ocupado. Es una buena noticia para México y para el mundo. Diría mi papá: el tipo es como un perico: donde lo pongas, se caga. La esperanza que tenía la ultraderecha mexicana de que interviniera en nuestra soberanía se quedará en deseo, o eso parece. Esperemos. Es un segundo momento intenso.
Y hay un tercer momento que impactarán directamente en el Gobierno de Sheinbaum y además en su partido. Será muy interesante analizarlo en tiempo real. Es el momento en el que el partido de Claudio X. González, Somos México (es probable que pierda ese nombre), se dispute las candidaturas con PRI, PAN y MC. Se supone que Acción Nacional va a la elección 2027 sin alianza con el Revolucionario Institucional y sin las naranjas de Dante Delgado. Además, los rosados de Claudio Equis están obligados por la Ley a ir solos en este proceso. Entonces PRI, PAN, MC y rosados se disputarán la misma base electoral y la misma base de posibles candidatos.
La cobija de los cuatro partidos se ha venido haciendo pequeña y se la estarán jaloneando. Será (y es, porque ya empezó) un espectáculo interesante. Imagínense a Claudio, a Alejandro Moreno, a Jorge Romero y a Dante Delgado peleándose a Mario di Costanzo, a Elena Chávez, a Javier Lozano o a alguna de las momias desarticuladas que abandonaron al PAN en la última década. Momentazo.
Un reto que ni el Gobierno ni los analistas dejan de lado es el económico. Los ingresos tributarios, que son los que calientan el motor estatal y aceitan la relación con los votantes, no pueden aflojar. Y pueden aflojar por falta de crecimiento. La incertidumbre provocada por Trump le pega a la inversión privada y eso pega directo al empleo. Si se refleja en el empleo –un momento que no queremos y no podemos permitir– será porque ya estamos en un camino de piedras y de subida. Cuidado.
Seguramente la Presidenta lo tiene claro y espero que su equipo también. Algo tendrá que pasar. Algo estructural. El Plan México sonaba bien, pero hace falta que ruja. No hay tiempo qué perder. Para fortuna de Sheinbaum, la prensa mexicana es tan mediocre (mató el periodismo económico) que prefiere inventar noticias falsas que hacer análisis de fondo. Eso da tiempo. Pero no tanto.
Colofón
Los retos de corto plazo no deberían preocupar a la Presidenta y a su movimiento. Deben ocuparse de ellos y ya. Es importante tomar en cuenta que cuando se tiene a una jefa tan meticulosa y tan puntual como Claudia Sheinbaum, el equipo se puede fácilmente entretener en el aquí y ahora. Y eso afecta la capacidad de respuesta para el mediano y largo plazos. Un equipo presionado con el día a día está predispuesto a “resolver lo que va saliendo”, y eso es una debilidad, no una fortaleza.
La Presidenta debe resolver temas de todos los días –hay que comprenderlo–, porque para eso se le eligió. Pero la posibilidad real de que esta Nación supere escollos estructurales no está en lo del día. No está en el Pato Merlín o el BTS, que importan en términos mediáticos y duran cinco minutos. El reto es que todo el equipo esté en dos carriles: resolviendo lo del día y planeando a futuro. Ese es mi único consejo aunque, pues sí, uno qué: uno está muy lejos, apenas observando.
El reto más grande de Claudia Sheinbaum Pardo en el corto, mediano y largo plazos; el reto que hará que su Presidencia realmente se distinga, es combatir la corrupción y la impunidad. No uno o cinco alcaldes presos, no: es ir por los “machuchones”, los de verdad, en una cruzada que ponga todas las estructuras podridas a temblar.
Corrupción e impunidad nos hacen vulnerables ante Estados Unidos; afectan el desempeño de la economía; alimentan a la prensa deshonesta; vulneran la relación con los votantes; impulsan la violencia; queman recursos públicos; minan los sueños de la izquierda; aletargan la justicia; manchan todo el sistema de partidos y Gobierno y aflojan las tuercas de la gran maquinaria que es México.
La Presidenta puede entretenerse en lo que quiera del día a día, y está bien. Pero una parte de su cerebro (y de su equipo) debe estar a mil por hora haciendo planes y analizando los efectos de combatir a fondo el mal de todos los males. Esa debe ser su verdadera obsesión. Y todas las demás pruebas las superará por añadidura.





