Dos hechos inconexos pero igualmente relevantes cambiaron el fin de semana el tablero político coahuilense. La consecuencia se verá en reagrupaciones, exclusiones y apuestas para el futuro que se cifran en el 2027.
El primer hecho es el lamentable fallecimiento de Román Alberto Cepeda, alcalde de Torreón. Debilitada su salud desde hace tiempo, su partida deja un hueco y, claro está, es una pérdida que a nivel personal propicia sendas consideraciones en la dimensión privada.
Pero, aun con lo incómodo que resulta, su ausencia es también un hecho político y, al respecto, lo primero que debe decirse es que la presencia de Román Alberto era relevante en la Laguna y en el estado, habida cuenta de una trayectoria política, empresarial y personal que sumó amigos y aliados.
En lo político, Román Alberto solía ser caballeroso pero también duro en el conflicto; construyó un liderazgo que arropó a parte de la clase política de Torreón que quedó a la deriva al cierre y la conclusión del gobierno de Miguel Ángel Riquelme, pero también otra parte en la misma condición, consumida por el resentimiento de no haber sido elegidos.
Con el tiempo, fortaleció personalidades e impulsó carreras, por lo que las decisiones que se fueran a tomar respecto al próximo año pasaban por la inclusión, especialmente después de que –asunto más incómodo aún de mencionar– superó las diferencias que “con Saltillo” tenía.
Dicho lo anterior es menester de estos días la definición que tome el gobernador Manolo Jiménez para confiar al Cabildo y al Congreso, designar al alcalde sustituto. Y aunque son tres los nombres que se barajan (Eduardo Olmos, Miguel Ángel Riquelme y Miguel Felipe Mery), la decisión lleva por distintos caminos el futuro político del priísmo comarcano, es decir, a quién será el candidato a la alcaldía que ahora suma nuevos jugadores y en ello va también el 2029.
Y la elección
El resultado de la elección tuvo una especial atención en el Distrito XI. Para los priístas representaba la oportunidad de Hugo Dávila de recuperar la confianza luego de la elección de 2024. Para los morenistas, aquilatar la presencia electoral de Cintia Cuevas, era tanta como para convidarle a Fernando Hernández.
Lo de Dávila es claro; para Cintia no tanto.
Los veteranos priístas solían decir que los activos políticos no se endosan. Por lo tanto, el resultado de Fernando (quien probablemente alcance una curul plurinominal), no es necesariamente el de Cintia. Pero en el grupo político de Luis Fernando Salazar, desde ayer mismo comenzó a correr la idea de que no hay manera de ser competitivos sin él en la boleta de 2027.
No es el único caso en el que Luis Fernando toma la delantera, pues con su aliada en Saltillo, Alejandra Salazar, está pasando lo mismo.
La caída del PAN
Una serie de cambios adicionales se vienen con la elección. Uno de estos es que el PAN, por primera vez en 45 años, no tendrá diputados y pierde las prerrogativas locales.
El resultado es histórico y confirma la tendencia que el panismo venía teniendo desde 2018, cuando inició la debacle después de aquel 2017 en el que casi se queda con la gobernatura.
Lo anterior deja fuera de la próxima legislatura a Gerardo Aguado, el líder moral del panismo coahuilense y el aliancista más apreciado en la actual administración priísta.
Algo similar ocurre con el PVEM, que difícilmente alcanzará el umbral del 3% y con ello, no tendrá diputado. MC se queda en las mismas, sin curul y sin dinero, mientras que México Avante pierde el registro. Respecto a UDC de Evaristo Lenin Pérez Rivera, puede seguir diciendo que es el partido local más longevo de México y, aunque muchos le criticaron la alianza, el tiro le salió bien.
La judicialización que viene
Si algo se podía advertir como estrategia electoral, o post electoral, de Morena era la judicialización. Ya desde las primeras etapas del proceso, el afán litigioso se manifestó hasta en las fechas de registro de coalición; siguió en la precampaña con un cúmulo de quejas y denuncias ociosas y, finalmente, ayer, durante la jornada electoral así como en los días precedentes, el ánimo litigioso se materializó en el despliegue.
Mientras las principales figuras del PRI se movilizaban con sus estructuras, las principales figuras de la coalición Morena-PT se concentraban en acreditar alguna irregularidad, confrontar en colonias populares a lideresas priístas, en donde la discordia se patentó entre vecinos.
El resultado fue que al atardecer, con sus datos internos, al conocerse la tendencia de las encuestas de salida, y más tarde, con los resultados del PREP, el aparato nacional morenista se volcó a denunciar fraudulencia electoral con los elementos precisamente recogidos en los puntos que lograron evidenciar con presunta compra de voto.
La diferencia, sin embargo, se anticipa abismal, con votaciones en muchos casos que superan el 50% de las preferencias y una distancia que ni siquiera dio la posibilidad de que la dirigencia nacional morenista cantara algún triunfo. Ariadna Montiel, presidenta de Morena, se concentró en las denuncias como más tarde lo harían sus representantes en el Instituto Electoral de Coahuila (IEC).
Así que, como se observó en este espacio en distintas oportunidades, la etapa post electoral promete un poco más de acción que las propias campañas.
Pero la estrategia es política
La estrategia judicial no es en realidad con propósitos de nulidad sino que tiene un objetivo político, es estrategia política con alcance al exterior del estado. Un aspecto central es que, al denunciar fraudulencia, se demerita el triunfo priísta en la escena nacional.
Lo anterior tiene el propósito de atenuar las celebraciones opositoras en un contexto crítico para la 4T, inmersa en los escándalos detonados por Estados Unidos, en contra de varios de sus gobernadores.
Porque la distancia en el triunfo del PRI que lidera Diego Rodríguez y formalmente dirige Carlos Robles Loustaunau, no deja margen de nulidad de la elección en general ni de algún distrito en particular. Si acaso, de comprobar algo, esto podría derivar en una multa pero nada más.
La jornada según la autoridad
Al cierre de la jornada comicial, el presidente del IEC, Óscar Daniel Rodríguez Fuentes, declaró que la jornada había sido tranquila, copiosa en una votación que llegó, contra todos los pronósticos, al 50%.
De hecho puede decirse que hace mucho tiempo no se veía una participación por encima del 50% en una elección de diputados locales.
Rodríguez Fuentes mencionó las denuncias de Morena, lo que de poco sirvió para evitar que la dirigencia nacional de ese partido descalificara también en conferencia de prensa a la autoridad electoral.
La reveladora queja
Morena, en especial a través de la diputada Cintia Cuevas, evidenció el uso de código QR para el reporte y articulación de la estructura priísta. La legisladora, quien probablemente enfrente alguna acusación por ingresar a una propiedad privada, mostró los códigos y el efectivo de la presunta compra de voto. Bajo las condiciones en que lo hizo, restó valor probatorio al episodio pero consiguió una revelación política de importancia.
Y es que, hay veces que en el priísmo no falta quien se ponga emprendedor. En 2012 les pasó con el Caso Monex, de compra de voto con transferencias. Para el caso actual, algún emprendedor le quiso innovar al QR y el operativo quedó expuesto.
Lo otro es la operación policiaca, que logró la detención de algunos operadores de Morena-PT, pero nada hizo ante situaciones que implicaban a cuadros priístas.
Ambas condiciones resultan indebidas, y con especial gravedad por el uso político que denuncia Morena, de las fuerzas de seguridad.
Y qué con Nuevas Ideas
Por curioso que resulte, el partido local Nuevas Ideas, que dirige Óscar Alberto Cano Jiménez, consiguió una votación que ayer por la noche, con el avance del PREP, le granjeaba cuando menos uno si es que no dos diputados.
Morena conseguiría otra vez cinco curules por la vía de representación proporcional, otro para el PT y, posiblemente, UDC consiga un legislador.
La irrupción de Nuevas Ideas, arañando el 6% de la votación dejó con arqueamiento de cejas a algunos observadores pero, como suele decirse, en política no hay sorpresas…
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