Por Hiroshi Takahashi
El documento, que hasta hace poco era confidencial, dice que el 1 de octubre de 1963 la estación de la CIA en la Ciudad de México interceptó una comunicación de Lee Harvey Oswald a la embajada soviética. El escrito lo fija así: llamó “usando su nombre real”, habló en “ruso roto” y pidió saber si había “algo nuevo” sobre un mensaje enviado a Washington. En esa escena ya estaban el nombre, la embajada, la fecha y la voz. También estaba México. Lo que vuelve noticioso el hallazgo no es sólo Oswald. Esa información, dice el reporte, salió de un centro de intervención telefónica que la CIA operaba de manera conjunta con la Oficina del Presidente de México.
Dice el documento: “La CIA sí produjo una pieza de información muy significativa sobre Lee Oswald antes de que asesinara al presidente Kennedy. El 1 de octubre de 1963, nuestra estación en la Ciudad de México interceptó una llamada telefónica que Lee Oswald hizo desde algún lugar de la Ciudad de México a la Embajada Soviética, usando su propio nombre. Hablando en ruso deficiente y usando su nombre verdadero, Oswald conversó con el guardia de la embajada, Obyedkov, quien con frecuencia contestaba el teléfono. Oswald dijo que había visitado la embajada el sábado anterior, 28 de septiembre de 1963, y que había hablado con un cónsul cuyo nombre había olvidado, y que éste había prometido enviar un telegrama a Washington por él. Quería saber si había “algo nuevo”. El guardia dijo que, si el cónsul era moreno, se trataba de Valeriy Vladimirovich Kostikov. El guardia consultó con otra persona y dijo que el mensaje había sido enviado, pero que aún no se había recibido respuesta. Luego colgó”.
Continúa el reporte: “Esta información fue obtenida en un centro de intervención telefónica que operábamos conjuntamente con la Oficina del Presidente de México. Era una operación altamente secreta y no era conocida por funcionarios mexicanos de seguridad y procuración de justicia, quienes tenían su propio centro. Nuestro centro conjunto produce grandes cantidades de interceptaciones telefónicas, que son transcritas y revisadas por nuestro pequeño personal en la Ciudad de México. Para el 9 de octubre, la conversación telefónica de Oswald del 1 de octubre ya había sido transcrita y un resumen había sido enviado por cable a Washington. El nombre Lee Oswald no significó nada en especial para nuestra estación en México”.
El presidente de México era Adolfo López Mateos (1958-1964).
“En su reporte original del 9 de octubre, México había dicho que contaba con una fotografía de un aparente estadounidense entrando a la Embajada Soviética el 1 de octubre de 1963, el día en que Oswald llamó ahí. Una operación muy sensible en la Ciudad de México nos proporciona fotografías tomadas en secreto de muchos, aunque no de todos, los visitantes a la Embajada Soviética, usando lentes telefoto. En consecuencia, el 24 de octubre de 1963 enviamos un cable al Departamento de Marina pidiendo una fotografía de Lee Oswald de sus días en el Cuerpo de Marines para poder comparar imágenes. No habíamos recibido esa fotografía al 22 de noviembre de 1963, pero en todo caso resultó que el hombre fotografiado fuera de la Embajada Soviética no era Oswald. Por azar, ninguno de nuestros varios puntos de observación fotográfica en la Ciudad de México había obtenido una imagen identificable de Lee Oswald”.
El documento está fechado el 13 de diciembre de 1963. John M. Whitten (un alto funcionario de la CIA especializado en operaciones clandestinas. En 1963 era jefe de la división encargada de América Latina dentro de la Agencia), lo envió como una versión “original, sin expurgar” del reporte sobre la estancia de Oswald en México, con resúmenes de las escuchas telefónicas.
Más de seis décadas después, el documento provoca una escena que no cabe en la retórica de la soberanía.





