Saltillo, Coahuila.- Aunque enero de 2026 registró más lluvia que el mismo mes del año anterior, las condiciones de sequía en Coahuila no solo se mantuvieron, sino que en algunas regiones se intensificaron, evidenciando un problema que va más allá de la precipitación puntual.
De acuerdo con datos climatológicos de la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) y el Sistema Meteorológico Nacional (SMN) el estado pasó de 3.4 milímetros de lluvia en enero de 2025 a 8.9 milímetros en enero de 2026. Sin embargo, este incremento no se tradujo en una mejora en las condiciones de accesibilidad; durante las mismas fechas varios municipios del estado se encontraban en situación de sequía que no disminuyó. Para febrero, la situación se agravó: la precipitación cayó a apenas 0.8 milímetros, incluso por debajo de los 2.0 milímetros registrados en febrero de 2025.
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Este comportamiento se refleja en el monitoreo municipal de sequía del SMN. Entre el 15 de enero y el 28 de febrero, la mayoría de los municipios del estado permanecieron en niveles de sequía moderada (D1) y severa (D2), sin cambios relevantes pese a las lluvias registradas en enero. Es decir, llovió más, pero no lo suficiente para revertir el déficit acumulado.
Más preocupante aún es la aparición de focos rojos. Municipios del norte como Guerrero, Ocampo e Hidalgo escalaron a niveles de sequía excepcional (D4), mientras que otros como Acuña y Nava se mantuvieron en sequía severa (D2), consolidando un patrón de afectación más intensa en ciertas zonas del estado.
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Los datos sugieren que el problema no es únicamente la falta de lluvias en un periodo específico, sino la incapacidad del territorio para recuperarse o retener el agua. La precipitación, cuando ocurre, resulta insuficiente o mal distribuida, lo que impide la recarga efectiva de suelos, presas y acuíferos.
Así, el inicio de 2026 expone la continuidad de una sequía que se vuelve estructural: un escenario donde aunque llueva, ya no alcanza.
Ante este panorama, el reto no se limita a esperar más lluvias, sino a saber qué hacer cuando ocurren. En un contexto en el que cada milímetro cuenta, resulta necesario replantear la gestión del agua en las ciudades, donde gran parte de la lluvia termina perdiéndose sobre superficies impermeables. Apostar por infraestructura que permita la captación, infiltración y almacenamiento del agua de lluvia podría marcar la diferencia entre un evento pasajero y una oportunidad de recuperación hídrica.
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