Por Ana Castañuela
En punto de las 7:00 horas, antes de que salga el sol, Daniel Garza Tobón se prepara para su ritual. Con su gran lente en mano y su chaleco repleto de baterías de repuesto y tarjetas de memoria, se adentra al lago de la Ciudad Deportiva de Saltillo, en donde asiste con frecuencia, para fotografiar pericos, garzas, patos, cormoranes y a la variedad de especies que ahí habitan.
Este es su hábito inquebrantable desde hace más de tres décadas; una rutina que solamente rompe cuando se encuentra de expedición en otra parte del país documentando nuevas especies de aves.
Su primer contacto con el estudio de la naturaleza y la biodiversidad fue durante la infancia gracias a su padre, un apasionado de las cactáceas, quien hacía expediciones en el desierto durante la etapa de floración de los cactus para observarlos.
“La forma en que empecé a vivir este contacto con la naturaleza fue porque a mi papá siempre le han gustado mucho los cactus y le gustaba mucho buscarlos en sus etapas de floración”, relata.
El interés específico por las aves surgió a esa misma edad. Cautivado por sus colores vibrantes, la diversidad de tamaños y su fascinante comportamiento, llegó a establecer un pequeño aviario en su casa, en donde albergaba especies como cardenales, cenzontles y gorriones.
“Sus cantos, su comportamiento, los procesos de migración, esa capacidad de resiliencia de las aves a las diferentes épocas del año, pues siempre se me ha hecho espectacular; o sea, en general todo de las aves se me hace sorprendente, hasta el mismo proceso de incubación”, expresa.
“Yo creo que soy biólogo desde niño, ya nada más me faltaba el título”, agrega.
Emprendiendo el vuelo
Durante su último semestre de Biología en la Universidad Autónoma de Nuevo León, el rumbo de Daniel Garza cambió de manera inesperada.
Para terminar su tesis sobre aves de la presa El Tulillo, ubicada en el municipio de General Cepeda, Coahuila, sus padres le regalaron una cámara fotográfica, lo que lo motivó a inscribirse en un curso de fotografía.
“Estaba haciendo una tesis con las aves y me dieron esa cámara. Luego empecé a tomar ese curso de fotografía, que era un curso de fotografía en general en donde nos enseñaban el manejo de blanco y negro, a revelar, foto de retrato y muchas cosas, pero esos conocimientos los empecé a usar para fotografiar la naturaleza”, platica.
Daniel vio el potencial de la fotografía no sólo como una vía de negocio, sino también como una herramienta para la preservación. Desde entonces su lente le ha permitido capturar la belleza del entorno natural y compartirla.
Desafío a gran escala
El compromiso de Daniel Garza con la documentación de especies aviares lo impulsó a ponerse a sí mismo un desafío de gran escala: fotografiar a las más de mil 100 aves que habitan en México.
Hace 10 años, cuando publicó su libro Aves espectaculares de México, ya había documentado más de 600 especies.
“Yo lo veía como algo casi imposible, nadie más estaba ni cerca. Yo creo que, en ese momento con 600 especies fotografiadas, yo era el que más especies tenía fotografiadas en el país”, asegura.
Con el apoyo de marcas reconocidas a nivel internacional como Sony y Aveoptica, hasta ahora su lente ha logrado capturar a mil ocho de ellas, lo que lo convierte en la persona con más especies de aves fotografiadas en el país.
“Me empecé a dedicar muchísimo todos los días a estudiar las aves de México y ver dónde las podía fotografiar. Ha sido a base de constancia, de tenacidad, de búsqueda y de mucho tiempo, muchísimo tiempo, muchísimo esfuerzo”, comparte.
A la par, Garza Tobón ha publicado más de 30 libros, y sus fotografías han aparecido en más de 70 publicaciones sobre flora y fauna.
En 2023 recibió el reconocimiento a la Conservación de la Naturaleza 2023 de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas de la Secretaría del Medio Ambiente.
Además, fue el primero en el país en documentar en foto y video a la Tortolita azul de pecho morado, una especie poco común en México.
“Varias especies se han documentado por primera vez en el país y gracias a que estuve ahí y a mi cámara, existe una evidencia fotográfica. Son especies que se han sumado a los listados de las aves de México. La documentación es de gran importancia para la ciencia”, considera.
“El alcance que he logrado tener con mis fotografías en todo México, pues ha sido grande y es muy gratificante ver que esta pasión se ha transmitido mucho más allá”.
Paciencia y disciplina
La fotografía de naturaleza le ha inculcado a Daniel Garza la capacidad de la paciencia, una virtud que considera uno de los “principales secretos” de su profesión. Sin embargo, asegura que la disciplina y la planeación exhaustiva también son pilares fundamentales.
Su preparación comienza meses antes de cada expedición con investigaciones del lugar, el trazo de rutas y el contacto con un guía local, además del estudio de las épocas del año para buscar especies migratorias.
El trabajo en el campo también es riguroso, pues se levanta a las 5:00 de la mañana para llegar al lugar antes del amanecer, cuando empieza la actividad de las aves.
“Casi siempre que voy a un lugar ya sé a dónde voy a llegar y con quién, y si voy a buscar alguna especie que me falta fotografiar tengo que estudiar muy bien las épocas del año, porque hay algunas migratorias que llegan a esas zonas nada más en el invierno o que están nada más en el verano durante la época de reproducción. Entonces, hay que ir varias veces en el año”, explica.
El nivel de exigencia y compromiso con su profesión se vio reflejado durante su expedición al Volcán de Tacaná, ubicado en la frontera entre México y Guatemala, y que mide más de 4 mil metros de altura.
Para lograr ascender la cumbre, Daniel se preparó con entrenamiento físico durante varios meses.
“Sí, tuve que hacer muchísimo ejercicio para poder hacer eso. Entonces, es parte de la planeación, a veces de meses de anticipación. Todo esto hay que estudiarlo muchísimo y a veces son años de práctica y años de estar regresando”, expone.
“Sólo se ama lo que se conoce”
Daniel Garza Tobón tiene una misión que va más allá de capturar la belleza de la naturaleza, pues con sus fotografías busca sembrar en la gente el interés por conocer las especies para así promover su conservación.
“Yo tengo un lema que dice: ‘solo se ama lo que se conoce’ y normalmente conocemos lo que nos enseñan”, comparte.
El fotógrafo ve en su trabajo una herramienta de cambio y considera que “está dejando una huella en el país”.
“Yo creo que a través de mis fotografías he llegado a mucha gente y de alguna forma creo que he sembrado por lo menos el interés en conocer”, afirma.
Sin embargo, advierte que la falta de difusión por parte de las autoridades sobre las especies que habitan en la región es un obstáculo que dificulta la garantía de su conservación.
“Hace falta muchísima difusión de nuestros recursos naturales, especialmente hablando del caso concreto de las aves. No se conoce mucho, pocas personas son las que realmente son conscientes de las especies de aves que tenemos”, señala.
“Es importante por eso: primero conocer para que nazca el deseo de conservar”, finaliza.





