Por Ethel Arredondo
Desde el desierto lagunero hasta el festival internacional Burning Man, en el desierto de Nevada, la obra de la artista coahuilense Leyla Brashka ha encontrado una forma particular de dialogar con el mundo: mediante esculturas monumentales que conectan espiritualidad, naturaleza y comunidad.
Su trabajo no sólo busca crear piezas estéticas, sino provocar reflexión sobre la relación entre el ser humano y la Tierra. A lo largo de más de una década ha desarrollado proyectos de arte ambiental y comunitario que integran a artesanos, artistas y comunidades, en un proceso de creación colectiva que convierte cada obra en una experiencia compartida.
Pero la historia de esta artista comenzó mucho antes de sus esculturas de gran escala o de sus exposiciones internacionales. Para Leyla Brashka, el arte no fue una decisión tomada en la adultez, sino una certeza que apareció desde muy temprano.
“Mi relación con el arte inició desde muy chiquita. Siempre me encantaba dibujar e imaginar nuevos mundos”, recuerda.
Desde niña encontraba en el dibujo una forma natural de expresión. Mientras otros niños jugaban, ella pasaba horas creando personajes, escenarios o ideas que surgían de su imaginación.
Aquella inclinación creativa estuvo acompañada también por un profundo vínculo con la naturaleza. “Me encantaba pasar tiempo al aire libre, cerca del agua, en los parques o cerca del mar”, explica. Ese vínculo temprano con el medio ambiente terminaría convirtiéndose en una de las columnas centrales de su obra artística.
Aunque su vocación apareció desde la infancia, el enfoque espiritual y comunitario de su obra surgió años después, cuando tuvo su primer contacto con las cosmovisiones indígenas. Fue alrededor de los 24 años cuando participó por primera vez en ceremonias tradicionales y temazcales, experiencias que marcaron profundamente su visión del mundo.
“Ahí fue donde encontré mi tribu. Entendí que había más gente que sentía este vínculo tan grande con la tierra y ese amor por la naturaleza”, señala.
A partir de ese momento comenzó a explorar el arte como una herramienta para expresar esa conexión con las culturas originarias, la espiritualidad y la conciencia ambiental. Ese descubrimiento transformó su práctica artística.
La escultura, la instalación, el muralismo y otras disciplinas comenzaron a convertirse en vehículos para hablar de la relación entre la humanidad y la naturaleza, así como de la importancia de reconectar con las raíces culturales.
Su trabajo se caracteriza por integrar escultura monumental, muralismo, pintura, grabado, collage, cerámica y fotografía, disciplinas que utiliza para materializar ideas que invitan al espectador a reflexionar sobre el entorno natural y la memoria cultural.
Aprender fuera de las aulas
El camino hacia el arte no fue sencillo. Uno de los primeros obstáculos que enfrentó fue abrirse paso en un campo profesional en el que muchas veces se privilegia la formación académica formal. En su caso, la formación se construyó a partir de experiencias, talleres y residencias artísticas en distintos lugares del mundo.
“Mi primer reto fue que me permitieran estudiar arte. No hice una carrera como tal, pero siempre busqué aprender”, cuenta.
A lo largo de los años tomó talleres y cursos en diferentes disciplinas y países. En su formación aparecen experiencias en Nueva York, Oaxaca, Londres e India, espacios donde aprendió técnicas como cerámica, grabado, muralismo y herrería. Cada uno de esos lugares aportó algo distinto a su visión creativa.
Más que seguir una trayectoria académica tradicional, Brashka fue construyendo su propia ruta artística a partir de la experimentación, el aprendizaje constante y el contacto con comunidades diversas.
El proyecto que cambió su carrera
Un momento decisivo en su trayectoria ocurrió durante una residencia artística en Pondicherry, India. Allí se enfrentó a una realidad que la impactó profundamente: la contaminación en las calles y en el mar.
“Para mí fue muy fuerte ver cómo la gente tiraba basura en el mar. Sentí que tenía que hacer algo”, recuerda.
De esa inquietud surgió su primera escultura de gran escala con enfoque social: “Guardián Universal del Océano”, una obra creada junto a un escultor local y con la participación de la comunidad. La pieza se inspiró en el símbolo protector conocido como Drishti Mukham, utilizado en el sur de India para alejar energías negativas.
Pero la escultura tenía también un propósito práctico: funcionaba como un contenedor para basura, invitando a las personas a depositar ahí sus residuos y reflexionar sobre el cuidado del océano.
Además de la creación de la pieza, el proyecto incluyó jornadas comunitarias de limpieza en la playa. Ese proyecto marcó el rumbo de su obra.
“Ahí fue cuando entendí que el arte podía ser una herramienta para generar un cambio positivo”, afirma.
Arte monumental y colaboración comunitaria
Desde entonces, su trabajo se ha caracterizado por la creación de esculturas de gran formato que no solo son obras artísticas, sino espacios de encuentro comunitario.
Uno de sus proyectos más reconocidos es “Quetzalcóatl Renace”, una escultura monumental inspirada en la serpiente emplumada de la tradición mesoamericana. La obra fue creada junto con la artista Lisa Regan dentro del colectivo Crescent Art Collective y se presentó en el festival Burning Man 2023 en Nevada, Estados Unidos. La escultura combina simbología prehispánica con elementos contemporáneos como vitrales y estructuras metálicas iluminadas con energía solar.
Más que una pieza estática, se convirtió en un espacio de interacción y ceremonia dentro del festival, donde visitantes de distintas partes del mundo pudieron experimentar un acercamiento simbólico a las raíces culturales de México. Posteriormente desarrolló “Kauyumari Centro Ceremonial”, otra escultura monumental inspirada en el venado azul sagrado de la tradición wixárika.
La obra fue creada en colaboración con artesanos de esta comunidad y presentada en Burning Man 2025. Más de 250 artistas y artesanos participaron en su elaboración, convirtiéndola en una pieza colectiva que honra las tradiciones espirituales y culturales indígenas.
Un arte que dialoga con la naturaleza
En el centro de la obra de Leyla Brashka está la idea de que el arte puede ayudar a sanar la relación entre la humanidad y la naturaleza. Muchos de sus proyectos se desarrollan en espacios públicos y buscan sensibilizar sobre problemas ambientales como la contaminación de los océanos o la pérdida de conexión con la Tierra.
Para la artista, el arte no debe limitarse a galerías o museos; debe ser una experiencia que involucre a la comunidad y que provoque reflexión. En ese sentido, sus obras funcionan también como rituales contemporáneos que invitan a recordar la conexión ancestral entre los seres humanos y el planeta.
El orgullo de ser lagunera
Pese a que su obra ha viajado por distintos países y continentes, Brashka mantiene un fuerte vínculo con su origen. “Ser mexicana es un orgullo muy grande. Y ser coahuilense también lo es”, afirma.
Cuando habla de Torreón, lo hace con la misma sensibilidad con la que habla de la naturaleza. Los paisajes del desierto, los cerros y los cielos abiertos forman parte de su identidad.
“Lo que más me gusta de aquí son nuestros cerros, el Cerro de las Noas, los cielos tan hermosos y la gente. Creo que somos realmente gente muy linda”.
Hoy su obra ha llegado a México, Estados Unidos, Europa y Asia. Sin embargo, más allá del reconocimiento internacional, la artista mantiene claro el propósito de su trabajo.
“Quiero que mi arte llegue a la mayor gente posible, pero sobre todo que genere un impacto positivo”, señala. Para ella, cada escultura es una invitación a recordar algo que muchas veces olvidamos: que la humanidad forma parte de la naturaleza y que cuidar la Tierra es también cuidar nuestra propia historia.
Entre esculturas monumentales, ceremonias simbólicas y proyectos comunitarios, Leyla Brashka continúa construyendo un lenguaje artístico que mezcla tradición ancestral, conciencia ambiental y arte contemporáneo. Un lenguaje que nació en la imaginación de una niña que se dibujaba mundos mejores, y que hoy dialoga con comunidades y públicos en distintas partes del planeta.
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