Triple Equis | La puta costumbre de condicionarnos

mayo 14, 2026
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Por @arrriagaxxximena

—A qué sabe? —pregunté.
—A lo que quieras —contestó.
Algo se movió en mí.
—Me refiero a.… ¿de qué sabor es? —insistí.
—Del que te guste. —dijo.

Mi amor hippie de juventud me regaló algo que en ese entonces confundí con llevar la contraria. Hoy lo entiendo como algo bueno: me guiaba a tomar una pausa, hacer las cosas con calma, mirar hacia adentro, reflexionar y pensar por mí misma.

Sabía lo que hacía. Se le había metido en la cabeza que yo era demasiado estructurada y ortodoxa para cuestionar. Y no se equivocaba. Siempre seguí reglas, era correcta, “bien portada”, religiosa. Mi abue estaba orgullosa al ver que rezaba el rosario versión extendida —sin librito.

Emma —mi amor hippie— en ninguna circunstancia me heredó sus convicciones. No intentó persuadirme. Ni siquiera “interpretaba” o daba su opinión respecto de mis sentencias filosóficas después de horas de fumar y meditar. Se esmeraba en escuchar, en hacer preguntas, en profundizar.

Pero nunca, nunca, nunca me empujó a tomar alguna posición o conclusión que no fuera mía.

Ahora lo tengo claro.

Estamos bajo la influencia de la familia, el entorno, el gobierno, los medios, las ideologías, los estándares hegemónicos. Guardamos apariencias, acogemos novedades, imitamos formas de hablar para encajar. Deseamos resolver la vida partiendo de lo que la sociedad hace, para sentirnos aceptados. Copiamos.

Nuestros gustos, la mayoría de las veces, son adquiridos. Fumamos, tomamos, comemos o corremos por socializar. Hacemos que el paladar se adapte si es necesario, por estatus o pertenencia.

Otras veces ni lo pensamos: simplemente está en todos lados. En el menú, en las tiendas, en las redes. Disponible, repetido, normalizado.

Subordinamos nuestro placer a las tendencias. Vivimos en una época de ciclos: surge, se vuelve aspiracional, cuando lo implementamos, cambia. Hay temporadas para la ropa, Menu Adoption Cycle, estéticas de moda, usos y costumbres del momento…

El proceso suele ser el mismo:

1. Introducción.

Un ingrediente, un estándar de belleza, una frase, una rutina aparece. Debuta.  Se estrena. Como el fruto del monje, el color del año, lo aesthetic…

2. Adopción.

Empieza a circular, sube su popularidad. Se replica. Se vuelve deseable. Como la estética de las clean girls o las baddie girls, o los gender reveal.

3. Proliferación.

El comercio sube. Se democratiza. Está por doquier, en versiones: original, pirata, copia, clon, dupe. Como el aperol spritz embotellado, o bebidas de sábila o los alimentos con lactobacilos.

4. Ubicuidad.

Aquí se siente como que se salió de control, el mundo entero ha oído hablar de eso, o lo ha probado, o ha montado un negocio alrededor de esa corriente… Es como cuando escuchábamos “La tusa” en absolutamente cualquier lado… Y sin darnos cuenta, existimos en un sistema que dicta lo que “necesitamos”. 

Las pautas que debemos acatar. 

Y seguimos buscando en el exterior, lo que sólo se descubre dentro.

En tus propios gustos y sabores.

En tus medidas, tus proporciones.

En tus ideas, tus impulsos, tus anhelos.

En los valores que eliges sostener.

En las tradiciones que practicas para sentirte parte de una comunidad… sin volverte otro más.

Estoy harta de que me digan cómo vivir.

De esa odiosa manía de opinar, de orillar, de influir dando su punto de vista, de juzgar acciones ajenas, de criticar cada decisión. De subsistir entre tendencias o limitarnos por creencias heredadas.

Nos concentramos en estar bien por fuera, cuando lo único que realmente nos pertenece está en el interior.

Ahí está la única verdad que puede conducir un camino propio.

Dejemos esa puta costumbre de condicionar.

Y de permitir que nos lo hagan.

Busquemos, sí.

Pero hacia el centro, sólo ahí encontraremos nuestro propio ser.

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