Por @arrriagaxxximena
En el siglo pasado la UNESCO estableció el 23 de abril como el Día Internacional del Libro para fomentar una acción sencilla pero desafiante: Leer.
La fecha no es casual: ese día de 1616 murieron Cervantes, Shakespeare y Garcilaso de la Vega. También nacieron, en distintas épocas, autores como Maurice Druon, Halldór Laxness, Vladimir Nabokov y Manuel Mejía Vallejo.
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Pero más allá del dato, la intención es recordarnos que la lectura no es un gesto intelectual, un pasatiempo de moda o una pose.
Es una forma de sentir.
Leer,
es experimentar,
oler,
vibrar,
reaccionar,
padecer,
conectar…
Sentirse jodidamente vivo en otra piel.
Es desear que tu alma nunca olvide lo leído
—y más aún—
lo que provocó ese aroma, esa imagen,
ese rostro imaginado, esa voz, esa frase.
Sólo los libros te conceden otras vidas…
Te prestan ojos distintos,
manos atrevidas,
energías inéditas,
tierras distantes,
momentos únicos,
pies cansados,
besos arriesgados…
Para bien o para mal,
nos llevan a mundos extraordinarios,
antojos sibaritas,
sociedades crudas,
colores sorprendentes,
universos imposibles.
Leer es una forma de desobedecer la realidad.
De desdoblar otras personalidades propias.
Porque los libros no sólo acompañan: transforman.
Te descolocan, te hacen cuestionar, te empujan a sentir cosas que ni sabías que traías dentro.
Una conexión única, personal.
Y en ese proceso —silencioso, íntimo—
algo cambia.
Los libros transmutan sentimientos en vida.
Te deseo: Muchas vidas en tu vida.





