@ARRIAGAXXXIMENA
Soy la reina de las cosas dispares.
Me encantan las miniaturas, pero también adoro lo grandeeee.
Pruebo poquito de cada cosa, aunque siempre digo que me gusta mucho de todo.
Constantemente pierdo un arete. Y cuando tengo ambos, uso distintos, sólo por identidad.
He sufrido discriminación, acoso, tocamientos no consensuados. Soy quien compró gas pimienta o caminó con las llaves entre las manos, por miedo al ir sola a casa. Quien se molestó mil veces al escuchar comentarios sobre su cuerpo en bocas ajenas. Y soy quien sube fotos eróticas a X.
He marchado el 8M. Pero también he callado opiniones feministas para no arruinar sobremesas.
He escrito defendiendo el feminismo, pedido a amigos no compartir packs o no reírse de chistes misóginos, pero sigo saludando en la oficina al viejo mirón que a todas nos da asco.
No soy coherente todo el tiempo. Hay días que me siento fuerte para defender mis ideas y otros en los que termino frustrada al notar que el sistema me enseñó a sobrevivir antes que a confrontar. A veces siento que escandaliza más lo que una mujer hace con su vida y su cuerpo, que lo que otros le hacen a la vida y al cuerpo de una mujer.
Dispar….🤷🏻♀️pero en dos cosas soy única: en mis huellas dactilares y en mi manera de ser feminista.
Mis huellas son perfectas. Nadie tiene unas iguales. Me hacen quien soy, como las decisiones tomadas cuando procuro vivir con conciencia de hacer un cambio para nosotras y las que vienen.
Y así cada una es diferente, no pueden encasillarnos. No todas estamos locas. No todas deseamos hijos. No todas cuidamos a los papás o cocinamos bien. O no queremos hacerlo.
Eso sí: todas, todas, todas hemos sufrido algún tipo de violencia. ¿Te cansa oírlo? A nosotras nos cansa vivirlo.
No importa si nacimos en un pueblo o la frontera, si somos profesionistas o amas de casa, blancas, negras o morenas. En algún momento limitamos ropa, horarios, tono de voz. Hemos guardado silencio ante algo dicho por un hombre. Más de una vez evaluamos riesgos antes que deseos al tomar una decisión, lo que no hacen ellos.
Vivimos en un entorno “man-friendly” tan normalizado que ni se nota. Nacimos ahí. Pensamos ahí. Amamos ahí. La idea de futuro suele verse hombre-centrista y no es que el amor sea malo, sólo no puedes poner el sentido de tu vida en otra persona. La dinámica familiar a veces condiciona la dependencia, el entorno refuerza el arquetipo y de este modo las mujeres dejamos de desarrollarnos en otros aspectos. Entiendo bien el punto de cómo los roles tradicionales, las diferencias corporales, la educación, la mercadotecnia, la religión, la cultura, el arte y hasta la diversión han influido en conservar las cosas como siempre. Pero ese “siempre” es machista. Y lo peligroso del “siempre” es que se siente natural.
Como en The Truman Show o en The Matrix. Los personajes no saben que viven en una realidad fabricada. Y cuando empiezan a sospechar, el entorno les dice: no exageres, no hagas drama, no te rebeles, no “vandalices” monumentos, pero cuándo dirán no vandalices mujeres.
Es cómodo no definirte. Si no cuestionas, no te cuestionan. Si no incomodas, encajas. Nos venden que ya está ganado todo, insistir, es radical o partidista. Incluso personajes públicos evitan la etiqueta aunque afirmen compartir las mismas ideas.
Aun así, después de haber logrado visibilizar la marcha 8M, empiezan a desacreditarla y restarle importancia, con todo y eso, sigo escuchando demasiadas razones para continuar:
“Marcho para que mi hija regrese segura.”
“Porque violaron a una amiga y el agresor está libre.”
“Porque desaparecieron a mi hermana.”
“Porque nadie me creyó cuando denuncié.”
Qué bueno si ninguna de esas historias te representa. Porque si no tal vez encendería tu enojo por hacerte escuchar de cualquier jodida forma, incluso ante los centros monumentales de gobierno que representan las autoridades que están para cuidarte no para volverte un expediente más. Tomo la marcha como el primer paso, que dicen, no te lleva a donde quieres ir pero te saca de donde estás. Marcho mientras siga habiendo machos.
¿O necesitamos tragedia cercana para involucrarnos? ¿Para querer joder ese puto “siempre”?
Muchas tenemos más privilegios, estudios, transporte, empleo…. seguir vivas. No podemos disfrutar conquistas y permitir retrocesos por comodidad. Sí, hay consecuencias por ejercerlo porque hay quienes se han encargado de desvirtuarlo a tal punto que algunas se sienten inseguras de ser feministas porque asumen como la única representación, de éstas, a quienes estando hasta la madre de injusticias, pintan monumentos y rompen cristales.
Pero vamos…. ¿pelos en las axilas incomodan más que violaciones? ¿Gritar consignas molesta más que crímenes generalizados y estructurales basados en la condición de ser mujer?
El feminismo ha vivido entre el desconocimiento y la descalificación: radicales, nazis, desquiciadas. Machismo opuesto al feminismo. No!
La definición del feminismo es simple: igualdad de derechos y oportunidades. No supremacía ni odio.
La antropóloga Carla C. García lo explica como la toma de conciencia de la opresión histórica hacia las mujeres. Y tomar conciencia siempre incomoda, porque obliga a revisar privilegios, hábitos, silencios. Implica más allá de decir “no soy feminista, pero respeto”, para que no la asocien con la rabia acumulada de muchas por años de abuso. Pero no estamos hablando solo de un daño entre personas, sino de un sistema estructural que daña a todo un género.
Mientras nos desetiquetamos para caer bien, para agradar, el movimiento se debilita. Y cuando se debilita, quedamos más vulnerables.
No todas marchamos.
No todas gritamos.
No todas rayamos.
No todas dominamos teorías de género.
Pero todas hemos sentido miedo. Y eso debería bastar para proclamarte con todas sus letras: feminista.
Sin embargo, no te pido rayar, gritar, ni marchar si no te parece importante.
Te pido no fingir que no pasa. No minimizar la violencia. Si trivializamos hacemos que las conductas se vuelvan comunes. Cuestionar lo normalizado, nos hace más conscientes. Las opiniones no pueden pesar más que la verdad.
Te pido no ridiculizar al movimiento. No llamar exagerada a quien habló. No criticar los cuerpos.
El “siempre” no se rompe de golpe. Sino con cada acto en la vida cotidiana. El sistema actual se ha ido extendiendo de persona en persona, no dudes del impacto individual. No sé qué pese más, las historias, los datos duros o la experiencia misma, pero no lo saquemos del sistema hasta que lo resolvamos, aunque nos tomemos un respiro de vez en cuando o hagamos cosas dispares.
Más conversaciones, menos opiniones. De mujer en mujer. Que sea nuestra forma de contribuir a la historia y al futuro. Tu nombre ya está inscrito este 8 de marzo porque luchamos por todas, no sólo por las que están convencidas.
Y cada vez que lo hacemos NO somos minoría. No lo somos.
Somos mayoría aprendiendo a dejar de pedir permiso. Y eso — incomode o no — ya empezó.
-Espero que mis perfectas huellas dactilares no sean el último recurso para identificarme si algún día me pasa algo.-





