Por Ernesto Núñez Albarrán
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Concluye un año que nos dejó exhaustos; el primer año con una mujer presidenta, el año de la Elección Judicial, el año en el que Donald Trump regresó a la Casa Blanca; el año de los escándalos y abusos en el partido gobernante, y un año más en el que la muerte campeó a sus anchas en el territorio nacional, desde Teuchitlán hasta Uruapan.
El primer año completo de Claudia Sheinbaum, que también es el séptimo de la “cuarta transformación”, es para los simpatizantes de Morena el año de la consolidación de la nueva democracia mexicana; para sus detractores, en cambio, es el momento en el que se acabó el sueño de la transición, el año en el que el partido gobernante volvió a tener el control de los tres Poderes de la Unión.
El 2025 comenzó con la segunda llegada de Donald Trump al poder, el 20 de enero; un hecho que en México se convirtió en una permanente amenaza, tanto por la imposición de aranceles, como por las presiones en materia de seguridad y combate al narcotráfico, lo que incluye la investigación de funcionarios y exfuncionarios, del anterior y del nuevo régimen. Con todo, la presidenta Sheinbaum cerró el año cantando victoria, pues no sólo no sucumbió ante el huracán Trump, sino que lo usó como viento a favor de su popularidad, que se ubica por arriba del 70 por ciento de aprobación ciudadana.
El año será recordado, además, por la aplicación plena de las reformas del Plan C que dejó López Obrador como agenda irremediable para el gobierno de su sucesora, y que se tradujo en prácticamente una nueva Constitución. Lo más notorio es, quizás, la desaparición de los organismos autónomos constitucionales que durante años dimos por hecho, especialmente el Instituto Nacional de Transparencia y Acceso a la Información (Inai), que se extinguió en medio de una penosa despedida de parte de sus últimos comisionados.
La pérdida del instituto encargado de la transparencia no fue el único traspié en términos de acceso a la información, libertad de prensa y libertad de expresión. El 2025 también fue el año en el que se hicieron costumbre las denuncias en contra de periodistas y comunicadores por parte de personajes ligados al poder; desde la querella de la diputada Diana Karina Barreras (esposa del expresidente de la Cámara de Diputados, Sergio Gutiérrez Luna, también conocida como “dato protegido”) en contra de una ciudadana tuitera, hasta las acciones del poderoso abogado Julio Scherer en contra del periodista Hernán Gómez.
La Elección Judicial fue otro episodio que marcó el año de principio a fin. Desde las batallas presupuestales del INE y los 185 acuerdos que tuvo que aprobar el Consejo General para llenar los muchos huecos que dejó la reforma judicial, hasta la campaña del acordeón, donde el debate entre candidatos fue sustituido por el reparto de listas con los nombres y números de los que debían ganar. Y el voto libre, por una operación política en la que Morena sólo logró movilizar a 12.9 millones de votantes, el 13 por ciento del padrón electoral, pero que resultaron suficientes para legitimar el proceso.
Tras la elección, vino la instalación de la nueva Suprema Corte de Justicia de la Nación, con el abogado indígena Hugo Aguilar al frente, y el inicio de una nueva época del Poder Judicial. Es muy pronto para juzgar si la elección de 881 jueces federales y más de mil 500 jueces locales va a mejorar, o no, el acceso a la justicia, como prometieron los promoventes de la reforma.
En marzo, el hallazgo de restos humanos en el Rancho Izaguirre, en el municipio de Teuchitlán, Jalisco, nos recordó que el país sigue siendo ese “México bárbaro” que algunos han declarado cosa del pasado. Con el hallazgo de un presunto campo de tortura y exterminio, la sociedad y las autoridades volvieron a toparse de frente con los colectivos de familias buscadoras y esa realidad lacerante que permanece como una de las grandes deudas sociales: la desaparición de personas.
En la radiografía nacional del dolor, se siguieron registrando cientos de homicidios dolosos cada mes, con el estado de Guanajuato a la cabeza de la lista. Pese a todo, los indicadores dejan ver 2025 será el primer año en el que haya una disminución significativa de la violencia, probablemente gracias a la nueva estrategia de seguridad, que ha abandonado silenciosamente la política de “abrazos no balazos” del expresidente Andrés Manuel López Obrador.
Pero, en contraste con esos datos, entre septiembre y noviembre las malas noticias llegaron desde Michoacán, primero con el asesinato del líder limonero Bernardo Bravo, y después con el crimen en contra del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, ocurrido en plena verbena de Día de Muertos. Ambos personajes habían denunciado amenazas previas, provenientes de grupos del crimen organizado dedicados a la extorsión. Ambos murieron a pesar de contar con protección. El caso Manzo agitó las aguas de la política y generó las primeras manifestaciones de rechazo en contra de la presidenta Sheinbaum.
Como respuesta, el gobierno de la presidenta Sheinbaum anunció el Plan Michoacán para la Paz y la Justicia, que en los hechos significa la tercera intervención federal que se despliega en esa entidad en los últimos 20 años. También es pronto para saber si esta vez sí funcionará.
El año también se ha caracterizado por los escándalos en el partido en el poder, con el senador Adán Augusto López como principal figura del desfiguro. Primero, por sus nexos con Hernán Bermúdez, “el H”, presunto líder del grupo criminal La Barredora, quien fue su secretario de seguridad pública en Tabasco; después, por su inocultable fortuna derivada de negocios y propiedades que contrastan mucho con sus ingresos como funcionario público y con la austeridad republicana que se pregona. Luego de un sinfín de declaraciones desafortunadas y polémicos encuentros con la prensa, su último exceso fue la adquisición de 17 mil ejemplares del libro “Grandeza” del expresidente López Obrador, para que los senadores de su grupo parlamentario los repartan en sus estados.
Adán Augusto, sin embargo, fue una figura imprescindible para que la presidenta Sheinbaum lograra aprobar sus reformas constitucionales y legales, y para una de las operaciones políticas más importantes del año: la destitución del fiscal Alejandro Gertz Manero y el nombramiento de Ernestina Godoy en la FGR, ocurridos en noviembre.
Junto con Ricardo Monreal, Adán se le volvió a la presidenta una especie de “mal necesario”, tanto para conseguir sus reformas en el Congreso, como para mantener cohesionado al partido-movimiento.
Sólo eso explica que Sheinbaum tenga que transitar con personajes como la senadora Andrea Chávez, reina de las campañas anticipadas y los patrocinios oscuros, protegida de Adán Augusto. O como el diputado Pedro Haces, dirigente de la Confederación Autónoma de Trabajadores y Empleados de México (CATEM), excéntrico empresario, líder sindical y mano derecha de Ricardo Monreal. Cabeza de una organización a la que en este año se le ha señalado como fachada de grupos de extorsión que asolan a empresarios de Durango, Coahuila y otros estados.
A los excesos de esos políticos impresentables, se suman en 2025 los escándalos protagonizados por los viajeros VIP, Andy López Beltrán, hijo del expresidente; Mario Delgado, secretario de Educación Pública; el propio Ricardo Monreal, y el senador Gerardo Fernández Noroña, quien concluyó su periodo como presidente del Senado envuelto en polémicas por su nuevo estilo de vida, su casa en Tepoztlán y su afirmación de que a él nadie tiene por qué obligarlo a ser austero.
Sin embargo, 2025 también fue el año en el que la oposición se difuminó. Si bien pudo ser el año del descrédito de Morena, con una oposición aún más impresentable, el costo para el oficialismo se redujo a cero. Con Jorge Romero al frente del PAN y Alito Moreno aferrado a la dirigencia del PRI, la oposición formal se volvió irrelevante.
Por eso, quizás, el 2025 será también el año en el que habrá que registrar el activismo del empresario Ricardo Salinas Pliego, que a pesar de su desagradable petulancia, su soberbia y el cinismo con el que se niega a pagar miles de millones de pesos que adeuda al fisco, ha logrado enamorar a los más críticos de la 4T, cuya orfandad política será el caldo de cultivo para un proyecto encabezado por el magnate dueño de TV Azteca.
El año cierra con el anuncio de una nueva reforma político-electoral, la que cerraría el ciclo del Plan C iniciado por López Obrador para transformar la democracia mexicana tal como la conocíamos y la instauración de un nuevo régimen. La reforma no sólo ha generado tensión entre el gobierno y la oposición, sino entre los grupos al interior de Morena, donde hay opiniones divididas sobre la pertinencia y el alcance que debe tener dicha reforma. El cambio en las reglas del juego de acceso al poder podría ser, para bien o para mal, el sello de la administración Sheinbaum.
De eso, y de lo demás que viene en 2026, hablaremos en la próxima entrega.





