Por Jaime Cleofas Martínez Veloz
En México, el maíz no es solo grano: es raíz, es memoria, es resistencia. Pero en los últimos meses, su precio se ha convertido en campo de batalla. Miles de campesinos han exigido que se pague a 7,200 pesos por tonelada, frente a los 6,050 pesos ofrecidos por el gobierno. La respuesta oficial no tardó: “hay intereses políticos detrás”, declaró la presidenta.
Como si exigir justicia fuera una estrategia electoral y no una urgencia histórica. La frase no es menor. Deslegitimar la protesta campesina bajo el argumento de “intereses políticos” es una forma de invisibilizar el hambre, el abandono y la dignidad que se siembra cada temporada. Es también una forma de proteger el relato oficial, ese que invierte miles de millones en mega obras mientras el campo se seca y el saqueo se institucionaliza.
El cálculo que incomoda
La producción nacional de maíz grano en 2024 fue de 24.3 millones de toneladas. Si el gobierno pagara 7,200 pesos por tonelada, la inversión sería de 175 mil millones de pesos. ¿Mucho? Depende de con qué se compare.
Las obras emblemáticas del sexenio anterior —Tren Maya, Refinería Dos Bocas y Aeropuerto Felipe Ángeles— costaron más de 1.18 billones de pesos. A eso se suma el costo acumulado del huachicol, que según la Procuraduría Fiscal supera los 600 mil millones de pesos entre robo físico y contrabando fiscal. Total combinado: 1.78 billones de pesos.
Costo de pagar el maíz a precio justo: 175 mil millones. Porcentaje que representa el maíz: apenas el 9.8%.
¿Qué alimenta más: el maíz, las mega obras o el saqueo?
El maíz no tiene inauguraciones con banda presidencial ni contratos millonarios. No aparece en los espectaculares ni en los informes de gobierno. Pero alimenta, sostiene comunidades, preserva lenguas, rituales, memorias.
El maíz es territorio, es historia, es resistencia. Mientras el Tren Maya arrasa selvas, Dos Bocas se ahoga en sobrecostos y el huachicol se traga el presupuesto sin sembrar una sola milpa, el campesino sigue esperando que su trabajo valga más que el cemento que cubre las promesas.
Decir que hay “intereses políticos” detrás de la demanda del maíz es una forma de deslegitimar la protesta. Pero, ¿acaso no hay intereses políticos detrás de cada mega obra? ¿No fue el AIFA una obra electoral? ¿No se usó el Tren Maya como símbolo de poder?
La diferencia es que el maíz no tiene voceros en televisión ni cabilderos en el Senado. Tiene manos callosas, pies descalzos y voces que gritan desde la tierra.
¿Y si el maíz fuera prioridad?
Imaginemos un país donde el maíz valiera más que las mega obras y el saqueo. Donde el presupuesto se orientara a garantizar soberanía alimentaria, justicia productiva y reactivación del campo. Donde los campesinos fueran protagonistas y no estorbos.
Con 175 mil millones de pesos, se podría:
- Fortalecer cooperativas rurales
- Garantizar precios justos y sustentables
- Impulsar la agroindustria comunitaria
- Preservar la identidad territorial
Pero eso no da votos. No genera inauguraciones. No cotiza en la Bolsa del poder. “Con menos del 10% de lo que se ha drenado en mega obras y huachicol, podríamos pagarle al campo lo que merece. Pero el maíz no vuela, no refina, no se contrabandea. Solo alimenta. Y eso, parece, no da dividendos ni aplausos.”
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