Por Hiroshi Takahashi
Al menos desde septiembre pasado corría la versión de que la presidenta Claudia Sheinbaum pretendía hacer un cambio en la Fiscalía General de la República. Si bien Alejandro Gertz Manero había acompañado las principales causas de la autonombrada cuarta transformación, lo cierto es que mantenía una agenda propia que no necesariamente coincidía con los intereses de Palacio Nacional.
En el círculo cercano a Sheinbaum Pardo tomaban como un hecho que el relevo ocurriría antes de que concluyera el año. La dificultad principal era que Alejandro Gertz aceptara irse de manera anticipada, pues su encargo concluye formalmente hasta 2027. El poder del fiscal, más allá de la institución, radica en que durante todo el tiempo que estuvo al frente de la FGR se hizo de la suficiente información como para negociar con cualquiera de los personajes políticos actuales, morenistas y opositores por igual.
Alejandro Gertz intentó quedarse en el encargo, no fue fácil para los emisarios de la 4T conseguir la renuncia que le habían solicitado, pero al final lo habrían presionado con el argumento de que sus elementos negativos podrían generarle complicaciones en el último tramo de su carrera política, pues se antoja difícil que ocupe algún otro puesto público a sus 86 años de edad.





