Aunque las lluvias han aliviado en parte la sequía, en Nuevo León persiste un problema cotidiano: miles de familias padecen baja presión de agua en sus viviendas. Según la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA), cerca de tres de cada diez hogares urbanos en la entidad se ven afectados, particularmente en zonas con redes hidráulicas envejecidas o ubicadas en áreas altas.
El fenómeno no es exclusivo de la región. A nivel nacional, unos 12 millones de hogares presentan deficiencias similares, lo que ha convertido la instalación de bombas presurizadoras y la modernización de tuberías en una necesidad cada vez más extendida.
Frente a este panorama, fabricantes y especialistas en infraestructura hidráulica han puesto en marcha nuevos sistemas domésticos que combinan tinacos de almacenamiento con bombas integradas, capaces de garantizar presión constante en las llaves del hogar. Estos equipos, además de mejorar el flujo de agua, incorporan tapas herméticas y capas antibacterianas para proteger la calidad del líquido.
Alejandro Segovia, director de la Unidad de Negocio México y Centroamérica de Rotoplas, señaló el crecimiento en la demanda de estas soluciones:
“Cuatro de cada diez trabajos de plomería en la región están relacionados con la instalación o reparación de bombas de presión”.
De acuerdo con cifras de la Cámara Nacional de Fabricantes de Equipos de Manejo de Agua (CANAFEM), la venta de bombas de presión para uso residencial mantiene un crecimiento de doble dígito, impulsado por la urbanización, la construcción vertical y la necesidad de resolver el suministro irregular en colonias y edificios.
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