Por Valeria Cämun
Hace miles de años, un grupo de homo sapiens fue atacado por un mamut mientras intentaban cazarlo; en el forcejeo, alguien se fracturó la pierna y quedó tirado a la espera de la muerte.
Todos corrieron para salvar su vida, menos uno, quien regresó por el herido, lo puso a salvo y se quedó con él hasta que el fémur roto sanó.
Meses pasaron antes de que eso sucediera, meses en los que ese ancestro no podría haber sobrevivido sin la ayuda del otro, que se encargó de su alimento, cuidado y protección.
En ese momento, nació la civilización humana.
No fue el fuego, la rueda ni la agricultura: fue la compasión y la ayuda lo que marcó el inicio de la humanidad, esa que hoy, está en peligro de extinción.
Yo sobre los demás
El sistema capitalista fomenta una peligrosa individualización en donde no hay nada más importante que el “yo”, el placer personal y los intereses propios, sin importar sobre quién se tenga que pasar para obtenerlos.
Jesús Cervantes, profesor investigador de la Universidad Autónoma de Coahuila (UAdeC), explica que las redes sociales fomentan la segmentación y nos muestran sólo ideologías parecidas a las nuestras, haciendo creer que los demás piensan igual que uno.
“Estamos viviendo cada vez en mundos más polarizados, en donde reacciono ante el otro como si fuera una amenaza”, expresa.
“Nos interesa tener la razón, nos importa anular el comentario del otro, ver qué es lo correcto e incorrecto, qué está bien y mal, y posicionarnos en el lugar correcto, el que está bien, y a partir de ahí cerrarnos ante el otro”.
Esta carnicería verbal, como le llama Cervantes a la interacción en X (antes Twitter), anula la empatía, la comprensión, el acercamiento y, lo más importante, la diversidad.
Lo que nos hace humanos
Machely Flores Reyna, docente investigadora de la Facultad de Ciencias Sociales, reflexiona sobre el hecho de que las características que pensamos que nos hacen seres humanos en realidad también las tienen los animales, como las demostraciones de afecto, la violencia y el sentido de pertenencia, pero hay algo que quizá sea la clave de la evolución.
“Yo creo, como muchos filósofos han concluido, que tiene que ver con la compasión, con el hecho de sentir el dolor del otro, pero va más allá, creo que ser humanos está definido a partir de, no sólo sentir la compasión, sino de pensar, y con esta inteligencia que supuestamente nos distingue de otras especies, hacer algo para disolver el dolor de las otras personas”, comenta.
“Cuando las personas utilizamos nuestras habilidades e inteligencia, o cualquier cualidad que podamos utilizar para ponerla al servicio de la disolución del sufrimiento de otra persona, eso es lo que nos hace ser humanos”, expone.
Y en esto coincide Jesús Cervantes, en el sentido de que, en el afán por procurar el bienestar propio, no ignoremos al otro.
“La cosa es qué tan capaces somos para pensar en mí sin sacrificar a los demás”, apunta. “Cómo le hago para estar bien yo primero, pero luego hacer que también estemos bien los demás”.
Y subraya que las diferencias de pensamiento, de asimilación de conocimiento y de cómo procesar las experiencias, es lo que nos hace seres humanos.
“Me parece que la diversidad es lo que nos hace humanos, e insisto, es lo que tenemos que cuidar y lo que tenemos que proteger: defender el derecho del otro de pensar distinto a mí aunque yo no esté de acuerdo, y defenderlo y celebrarlo”, expresa.
Pero la sociedad de consumo puede influir negativamente en el comportamiento.
“Al ser el dinero el valor máximo de nuestra sociedad capitalista, me parece que estamos entrando en unas dinámicas que, en términos de humanidad, pueden ser negativas: el poner siempre al dinero como el valor máximo, creo que nos hace retroceder en otras tantas cosas dentro de lo social”.
Tres especies
Al eterno dilema de qué nos diferencia de los animales, ahora se le suma un nuevo jugador: la Inteligencia Artificial, y la competencia se torna complicada.
¿Cuáles cualidades serán las que nos hagan únicos?
Machely Flores considera que, al desconocer los alcances de la AI, al menos por ahora, la diferencia podría radicar en el pensamiento crítico y la imaginación.
“Lo que nos podría distinguir de la inteligencia artificial, al menos por ahora, es el pensamiento crítico”, señala. “La inteligencia artificial al final es una recopilación de datos, y la imaginación, que es humana, es la que crea”.
En este sentido, Cervantes reconoce que, aunque existen similitudes en la construcción de un discurso, debido a que tanto seres humanos como la inteligencia artificial usan lo que tienen a la mano, insiste en que la diversidad es la diferenciación.
“Me parece que la diversidad, entender que más allá de que estemos expuestos al mismo ambiente, la percepción, la forma en cómo adherimos a nosotros el ambiente, es distinta; por lo tanto nuestra diversidad de opiniones, diversidad geográfica, identitaria, étnica, todas las diversidades con las que contamos, es lo que nos hace ser humanos”.
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