Por Álvaro Delgado Gómez
Todos los cómplices del narcotraficante Genaro García Luna, sobre todo los miembros del grupo mafioso encabezado por Felipe Calderón Hinojosa, son los que ahora orquestan la defensa de la Gobernadora prianista María Eugenia Campos, hundida por sí misma como traidora a la patria por permitir la operación de agentes de la CIA en territorio de México, una conducta delictiva que no debe quedar impune sólo porque la ultraderecha la ve como émula de Xóchitl Gálvez, como tampoco debe quedar sin castigo toda connivencia con el crimen de morenistas como el Gobernador con licencia Rubén Rocha Moya, de verdes como Ricardo Gallardo en San Luis Potosí, de emecistas como Enrique Alfaro o de cualquier malandro.
Es lógico que Calderón, jefe del narcotraficante García Luna, encabece la defensa de Campos, si él mismo incurrió en el delito de traición a la patria al avalar el ingreso ilegal de más de dos mil armas de Estados Unidos a México mediante el operativo “Rápido y furioso”, entre 2009 y 2010, y fue un sirviente de las agencias de ese gobierno, pero además él y su familia han establecido complicidades con el crimen: Él mandó al general Mario Acosta Chaparro a pactar con todos los capos del narcotráfico, incluidos Joaquín “El Chapo” Guzmán e Ismael “El Mayo” Zambada, sobre lo que no ha dicho nunca ni una palabra; su hermana Luisa María acordó con Servando Gómez “La Tuta” proteger al cártel de Los Caballeros Templarios si ganaba la gubernatura de Michoacán, en 2011, y su sobrino Alejandro Herrera Hinojosa, hijo de su prima María Antonieta Hinojosa, se asoció en el sexenio con Juan Manuel Muñoz Luévano, alias “El Mono Muñoz”, lavador de los Zetas, en cuyo avión voló Margarita Zavala.
Estos cuatro episodios criminales que exhiben la impostura de Calderón están sólidamente documentados, además del propio caso de García Luna, pero además él encabeza al grupo mafioso que, tras el fin de su sexenio y mientras él trabajaba para la española Iberdrola, se refugió sucesivamente en los gobiernos de Rafael Moreno Valle en Puebla, Francisco García Cabeza de Vaca en Tamaulipas y ahora Maru Campos en Chihuahua, con cuyos presupuestos se han enriquecido con contratos multimillonarios, entre ellos Roberto Gil Zuarth, Salvador Vega Casillas, Maximiliano Cortázar Lara, Javier Lozano Alarcón y Ernesto Cordero.
No es fortuito entonces que Gil Zuarth y Cortázar Lara, secretario particular y vocero de Calderón en su sexenio, hayan aparecido junto a Maru Campos cuando, el sábado 23, fue notificada del citatorio de la Fiscalía General de la República (FGR) a declarar como testigo, el miércoles 27, en Ciudad Juárez, Chihuahua, luego de que ella misma admitió la operación de agentes extranjeros, entre ellos de la CIA, en territorio de Chihuahua, en varias de las entrevistas que tuvo con medios y entrevistadores afines, que son los que ella financia con más de dos mil 500 millones de pesos.
Gil Zuarth, quien por cierto presentó una demanda en mi contra ante la FGR por exhibir su repentina riqueza, encabeza el despacho Accuracy Legal & Consulting mediante el cual se ha hinchado de dinero de peculiar origen, como los por lo menos 32 millones de pesos del Gobierno de Tamaulipas para defender a García Cabeza de Vaca y otros 14 millones los recibió su “querido tío” Javier Coello Trejo, confeso miembro de la Brigada Blanca de Miguel Nazar Haro y militante también del ultraderechista Movimiento Universitario de Renovadora Orientación (MURO), quien murió justo cuando se entregó el citatorio a la Gobernadora de Chihuahua.
Tampoco es fortuita la presencia con Maru Campos de Maximiliano Cortázar, secretario de Comunicación del CEN del PAN, quien fue también vocero de Calderón, Moreno Valle, García Cabeza de Vaca y es contratista con su empresa de la Gobernadora de Aguascalientes, Teresa Jiménez, súbdita de la española Isabel Díaz Ayuso. Este personaje es el enlace con todos los medios de la Ciudad de México que se han enriquecido con miles de millones de pesos que esos gobernantes han entregado a los mismos medios y periodistas que se arrodillaron y escamotearon información de la violencia a los mexicanos.
A la defensa jurídica, política y mediática de Campos se ha incorporado también Jorge Romero Herrera, presidente nacional del PAN y jefe a su vez de un grupo criminal en la Ciudad de México que hasta el propio Calderón ha descrito sus conductas mafiosas.
“Nos vamos a volver locos si le ponen un dedo a nuestra Gobernadora Maru Campos. Que le midan… Nos habremos de volver locos si insisten con su persecución política”, alertó Romero con su peculiar histrionismo, el mismo personaje que Calderón describió como un corrupto en su libro Decisiones difíciles, en 2020: “Un amigo suyo y sobrino mío, me relató que dejó de trabajar con él, cuando el propio Romero le confesó que asociaciones de ambulantes y otros le representaban a su grupo ganancias de siete millones de pesos al mes. Con ellos, además, había infiltrado el padrón del PAN en toda la ciudad”.
El sobrino de Calderón que le contó sobre la corrupción de Jorge Romero se llama Agustín Torres Ibarrola y, además de ser también cuñado de Marko Cortés, es propietario de la empresa Tolk MX S. de R.L. de C.V., a la que Maru Campos ha asignado contratos por más de 17 millones de pesos para monitorear a sus críticos.
Puras finas personas defienden a Maru Campos. También se les llama mafiosos…





