Triple Equis | Leer o comprar, esa es la cuestión

mayo 22, 2026
minutos de lectura

Por @arrriagaxxximena

Sí, muy rico y todo, pero la pregunta sigue rondando en mi cabeza mientras intento dormir sobrepensando cuestiones de trabajo, amor y cosas peores: ¿La Feria del Libro es para lectores o para compradores?.

En este perfil amamos las letras y nos dejamos seducir fácilmente con la tentación de una feria especializada. La de Coahuila, en Saltillo, no es la excepción. Pero después de recorrerla varias veces, de revisar editoriales, presentaciones, charlas con autores y pasillos llenos de gente, terminé atorada en una duda que ha ocupado varias horas de insomnio: ¿Por qué chingados en un lugar donde se fomenta la lectura no existe un solo espacio para hacerlo? Ni un rincón cómodo.

Ni una zona silenciosa.

Ni una silla de café.

Ni una biblioteca invitada.

Ni un puto metro cuadrado destinado a abrir un ejemplar ahí mismo y envolverte en la curiosidad de una nueva historia.

Y eso dice mucho.

Al parecer BookTok y todo lo relacionado al mundo literario se ha vuelto estética, fetiche, moda, lujo y performance. Hay clubes, cuentas de recomendaciones, cafés temáticos, book journaling y subrayados convertidos en contenido. Por un lado, mantienen vigente la conversación sobre el tema, pero, por otro, no sé si avala realmente la calidad del contenido. Lo raro es que mientras el fin de adquirir literatura está perfectamente resuelto dentro de la feria, el de leer parece omiso.

Como si el objetivo fuera circular, consumir y seguir avanzando. 

Y quizá ahí está la diferencia entre promover una industria cultural y formar verdaderos lectores.

Porque pagar un libro no garantiza la experiencia completa. Menos una relación íntima con el pensamiento, la imaginación o la crítica. Comprar puede ser impulso. Atender cada obra, exige tiempo, silencio interno, concentración…

La FILC tiene talleres, poesía, cuentacuentos, actividades académicas. Agenda para todas las edades. Eso importa, se valora. Por supuesto que suma. Pero 28 ediciones después sigue pareciéndome extraño que no exista una apuesta más visible por el acto en sí, ya sea de manera individual o comunitaria.

Imaginen, una zona donde jóvenes y niños vean gente leyendo. Bibliotecas operando. Eventos de lectura colectiva, ni siquiera precisa infraestructura mayor, aprovechemos los jardines. Tal vez se vuelva contagioso, tangible, ventajoso. Ojalá este esfuerzo anual, trascienda convirtiéndose en identidad, aprendizaje, nexo social.

La interacción y diálogo centrado en libros tiene un trasfondo profundamente político: convierte una actividad solitaria en vivencia grupal. Genera empatía, conversación, disenso… comunidad. Nos obliga a escuchar otras interpretaciones del mundo y, de paso, a sospechar un poco de la nuestra. Sucede que no es sólo mercancía, sino que se convierte en práctica.

Entiendo la parte de requerir financiamiento, patrocinadores y números que justifiquen su existencia. Pero ¿es un espacio con alma transparente buscando fomentar la cultura o definitivamente la derrama económica pretendida transgrede la base de dicho encuentro? Si el consumo lo termina desplazando, algo empieza a desfondarse. Incluir a quienes no pueden hacerse de un volumen, otorgando acceso gratuito a textos y la oportunidad de poder disfrutarlos en el sitio donde acudimos los amantes de las letras, reduciría otra brecha social pendiente. Debiera ser un bien común.

Este ejercicio, placer, hobby, necesidad…. no es para pendejos. Y si los pendejos leen, posiblemente se aliviane el asunto. 

Joselo Rangel, invitado de este año, comentó: dejemos de repetir esa frase gastada de que “te hace mejor persona”, porque la historia está llena de gente con capital intelectual amplísimo y comportamiento profundamente miserable.

Tiene razón.

No garantiza bondad.

Ni ética.

Ni sensibilidad.

Pero sí modifica mucho más allá de lo personal: la manera en que miramos, pues obliga a detenerse cuando todo exige velocidad. Te arranca del scrolleo sin medida. Te enseña a profundizar en una época diseñada para la superficialidad. Este acto incomoda, contradice, desprograma. Se enfoca en la coherencia, en el testimonio, en la acción directa. Cautiva con hechos, trasciende lecciones y consejos. Vuelve genuino el objetivo de fomentar el hábito no sólo de adquirir. Leer (y sobre todo hacer algo con lo leído) te cambia la forma de percibir, de estar, de ser.

Dicen, pueblo instruido es difícil de manipular. Y esto se trata de congruencia, de un derecho y una costumbre que tanto hace falta en el país.  Hagámoslo por cultura, ambición, entretenimiento, por escapar a la manipulación de la memoria, por resistir…

¿Será esta rebeldía la razón de meditarlo a las tres de la mañana? 

Espero que nos convirtamos en la sociedad lectora que necesitamos. Y que la FILC se vuelva un lugar donde también se enseñe –con acciones– que leer no es comprar libros, sino permitir que la experiencia te atraviese y no puedas salir exactamente igual.

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