Es de Coahuila | Eduardo Iga, una pasión que sí se ve

julio 27, 2026
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Por Ethel Arredondo

Para muchos, hablar de futbol sin ver un partido sigue siendo una contradicción. Para Eduardo Iga es simplemente su trabajo. No lucha contra la falta de vista; lucha contra la falta de empatía. Periodista deportivo, narrador y conductor de Heraldo Deportes, programa de radio transmitido en la Comarca Lagunera por el 104.3 FM, ha dedicado su carrera a demostrar que las mayores barreras no están en la discapacidad, sino en los prejuicios.

El conductor comparte a El Coahuilense Noticias cómo nació su vocación por la comunicación, las barreras que ha tenido que superar y por qué considera que la mayor limitante no es la discapacidad visual, sino las barreras que impone la misma sociedad a los ciegos y carentes de fe y esperanza.

A lo largo de esta conversación también reflexiona sobre la inclusión, accesibilidad y las oportunidades que aún faltan para las personas con capacidades especiales o diferentes en México; de igual manera explica cómo ha logrado abrirse puertas que la mayoría supondría no estarían disponibles para él.

–¿Recuerdas el primer partido del que te enamoraste, aunque no pudiste verlo?

–No recuerdo exactamente cuál fue el primer partido del que me enamoré porque habría tenido unos 10 u 11 años. Lo único que recuerdo es que estaba solo en mi casa, le empecé a cambiar a los canales y encontré un partido de futbol. Me empezó a llamar mucho la atención porque, dentro de todo el contenido audiovisual que había en la televisión, era lo único que me describían completamente. Entre caricaturas y tantas cosas encontré en el futbol algo donde me sentía incluido, donde me sentía parte del mundo. Precisamente porque me lo describían completamente.

“Yo podía emocionarme. Era como si estuviera escuchando un cuento, una historia, pero cada historia tenía un final diferente, como es el futbol. Quizá fue algún partido del Toluca. Después escuché un partido de Tigres, escuché a la afición, escuché que estaba el Matador Luis Hernández, que era mi ídolo del Mundial de 1998. Así elegí a mi equipo, que son los Tigres.

“Lo que sí recuerdo perfectamente es que yo no me sentía parte del mundo. Mi mundo era una grabadora, era una radio. Mientras los demás se divertían con caricaturas, yo me divertía con la radio porque era totalmente sonora, no visual. Así me enamoré del futbol”.

–¿Quién te contagió la pasión por el futbol?

–Curiosamente, contrario a lo que pasa en otras familias, nadie me contagió la pasión por el deporte porque a mi familia no le gustaba, o más bien le daba totalmente lo mismo. No es una familia futbolera en lo absoluto, o al menos no lo era en aquel entonces. Por ahí mi mamá me decía que le iba al América o al Tampico porque de ahí es, pero yo nunca escuché en mi casa que se viera el futbol.

“Mi pasión nació por mero azar de la vida, por mera exploración a la hora de cambiar de canales. Te digo que yo estaba solo en mi casa cuando sucedió eso. Me enamoré del futbol a raíz de escucharlo, a raíz de la descripción de la narración de los comentaristas. 

“Descubrí que no necesitaba verlo para que me encantara y terminé contagiándole el amor por el deporte a mi propia familia.

“Ahora lo ven porque yo lo escucho. La pasión por el futbol me la contagiaron los buenos narradores de aquel entonces. Me acuerdo mucho de Raúl Pérez. Es el que tengo más presente. Él todavía sigue narrando. Es un tipo apasionadísimo, muy entregado. En partidos importantes, campeonatos del mundo o torneos trascendentes se deja toda la garganta. Ahí es donde nace realmente mi amor por el futbol”.

–¿En qué momento dijiste: “Yo quiero dedicarme a esto”?

–Desde que Santa Claus me trajo una grabadora con un micrófono, cuando tenía seis o siete años, decidí que quería dedicarme al tema de la comunicación y de la locución.

“Toda la vida he escuchado radio. Me encantaban los concursos y llamaba a diferentes estaciones para participar. Cuando me regalaron aquella grabadora empecé a ir a los supermercados a grabar y hacer minirreportajes. Le preguntaba al encargado de la salchichonería, por ejemplo, por qué había subido el precio del jamón. Si antes costaba 20 pesos y ahora 30 o 35.

“Desde niño demostraba que realmente no tenía otra pasión más que la comunicación. Cuando llegó el momento de escoger una carrera, mientras muchos de mis amigos tenían dudas, yo ya sabía perfectamente que quería dedicarme a la radio. Lo del periodismo deportivo nació tres o cuatro años después, cuando me enamoré del futbol y luego también del béisbol. Además de estar en la radio, quería ser periodista deportivo”.

–¿Alguna vez alguien te dijo que era imposible ser comentarista deportivo siendo invidente?

–Mucha gente me dijo que era imposible. De hecho, hasta dentro del mismo gremio de las personas ciegas hubo quien me dijo: “Mira, si tú me narras un partido, yo ni siquiera lo escucharía. Yo no te creería”. Claro que hubo mucho prejuicio. Me preguntaban cómo le iba a hacer. Yo, además de analista, siempre quise ser narrador. Quería romper ese otro esquema de no solamente ser capaz de analizar un partido con estadísticas, sino encontrar un mecanismo para narrarlo. Entonces decidí no hacer caso.

“Mi filosofía siempre ha sido la misma: primero lo intento y, si no puedo, al menos nadie me lo va a platicar. Me dijeron que narrar no se iba a poder. Yo dije: ‘Déjame intentarlo’. Comencé con el béisbol. Me ponía un audífono donde escuchaba al cronista oficial y, con mis propias palabras, retransmitía el partido. Era como traducirlo.

“Empecé en una emisora por internet desde mi computadora, con mi micrófono, una pequeña mezcladora y una interfaz de audio. El primer año comencé a ganar seguidores.

“El segundo año fue mucho mejor porque una revista deportiva me invitó a colaborar. Ellos ya tenían una audiencia importante y fue un impulso muy grande. Para el tercer año ya estaba trabajando con Saraperos de Saltillo”.

–¿Qué fue más difícil: aprender de futbol o convencer a los demás de que podías hacerlo?

–Mucha gente piensa que el futbol es física nuclear y la realidad es más lejano a eso. El futbol no es muy difícil de imaginar o de entender cuando, al final de cuentas, hay 11 personas jugando en un terreno con formaciones específicas: un 4-4-2, cuatro defensas, cuatro mediocampistas, dos delanteros. Repito, no es física nuclear ni mucho menos.

“Lo complejo es informarte, actualizarte y conocer las estadísticas. Entonces, ¿qué fue más difícil? Yo creo que explicarle a la gente.

“La realidad es muy sencilla. Yo he entrado a un campo de futbol, conozco cómo es la estructura del campo, las bandas, las medidas, las porterías. Eso es algo que cualquiera puede conocer sin necesidad de verlo. Además, he estado en canchas, he tocado la pelota, he corrido por las bandas, he jugado.

“Muchas veces, periodistas que se sienten muy preparados intentan desacreditarme porque no veo el partido, pero basta con sacar dos o tres estadísticas para demostrar que lo importante es saber de lo que estás hablando”.

–¿Cómo Eduardo Iga “ve” un partido?

–Imaginándome lo básico. Empiezo con las alineaciones. Ya sé en qué posición juega cada futbolista y conozco la versatilidad de cada uno. Si es un 4-4-2 imagino un lateral izquierdo, un lateral derecho, dos centrales.

“Normalmente los centrales son jugadores altos. Los laterales suelen ser futbolistas rápidos para ir al ataque y regresar. Con base en eso voy construyendo la historia del partido. Yo ya sé dónde juega cada futbolista porque para eso me preparé, para eso estudié periodismo y comunicación.

“No tengo problema si alguien quiere hablar conmigo de táctica. Por ejemplo, sé que Jorge Sánchez juega como lateral derecho, que tiene ciertas carencias defensivas, pero aporta mucho al ataque. O Gallardo, que juega por la izquierda, al que a veces le cuesta defender, pero que suele asistir, hacer goles y tiene buen disparo de media distancia. Con base en imaginarme las formaciones, las posiciones de los jugadores y, sobre todo, las estadísticas, es como veo un partido. Los datos previos alimentan mi base de conocimiento”.

–¿Qué herramientas utilizas para preparar una transmisión?

–Ahí te va mi modus operandi… tengo tres audífonos. Y tú dirás: “¿Cómo, si tienes dos oídos?”. Bueno, pues tengo un audífono de chícharo, donde voy escuchando al narrador oficial.

“Claro, en caso de que yo sea contratado por una estación que tenga los derechos, quizá no narraría sobre otra narración, pero normalmente escucho el partido para poder construir la mía. En otro audífono tengo la computadora o el celular, que utiliza un lector de pantalla. Es una aplicación que lee todo lo que aparece en la pantalla mediante síntesis de voz.

“Y además utilizo unos audífonos de diadema con los que monitoreo que mi propia transmisión se esté escuchando correctamente. Tengo un micrófono, una computadora y, con base en eso, voy transmitiendo. Ahora, con la tecnología, ya quizá no hace falta cargar tantas cosas.

“Me llevo mi celular para enfocar el partido –obviamente alguien me ayuda– y solamente utilizo dos audífonos: uno para escuchar el partido y otro para escuchar al narrador con quien voy construyendo mi propia transmisión. Ese es el sistema que utilizo.

“Con el paso de los años vas desarrollando habilidades para hacer dos o tres cosas al mismo tiempo sin ningún problema”.

–Este Mundial se juega en México. ¿Qué significa vivirlo desde casa?

–Claro que me hubiera gustado vivirlo desde los estadios. No me voy a venir aquí a hacer el romántico ni el nostálgico. Fue algo que me pegó. En ciertos partidos, donde tendría que haber estado emocionado porque el Mundial era en mi país, sentí todo lo contrario: tristeza e impotencia por no haber podido acreditarme y entrar a los estadios.

“Tuve una pequeña reivindicación porque fui a Monterrey, al partido entre Marruecos y Países Bajos. Estuve muy cerca del estadio, a unos 60 u 80 metros. Prácticamente pude escuchar todo. Fue como vivirlo desde dentro. Pero el hecho de que el Mundial fuera en mi país y no haber podido estar acreditado sí fue algo que me dolió. Esperemos que para 2030 haya más oportunidades”.

–¿Qué prejuicio te gustaría que desapareciera sobre las personas con discapacidad visual?

–Podría dar toda una conferencia sobre los prejuicios que me gustaría que desaparecieran. El primero es la infantilización de la persona con discapacidad: “El cieguito”, “el pobrecito”, “es un angelito”. Antes que cualquier otra cosa somos personas. Somos parte de la diversidad humana, igual que quienes ven, igual que quienes no escuchan o tienen cualquier otra condición.

“Otro prejuicio es pensar que no podemos enamorarnos, tener una relación o formar una familia. También existe la idea de que todos los ciegos somos iguales, y eso es completamente falso.

“Cada persona tiene su propia identidad. Hay ciegos trabajadores y otros que no lo son. Hay quienes luchamos por la inclusión y habrá quienes prefieran otro camino. Como en cualquier grupo humano, todos somos diferentes.

“También persiste la idea de que únicamente podemos trabajar dando masajes o haciendo ciertos oficios. La realidad es que hoy existen lectores de pantalla, tecnología y herramientas que nos permiten desempeñarnos prácticamente en cualquier profesión.

“Me ha tocado incluso dar conferencias a empresas donde los responsables de Recursos Humanos desconocen que una persona ciega puede trabajar con una computadora al mismo ritmo que cualquier otra. Y hay otro detalle que parece pequeño, pero pesa mucho: llegas a un restaurante y, en lugar de preguntarte a ti qué quieres ordenar, le preguntan a quien te acompaña. Yo tengo voz, tengo criterio y puedo decidir por mí mismo.

“Al final, la discapacidad visual significa únicamente que no vemos. Tenemos manos, tenemos pies, tenemos cerebro, tenemos sentimientos y podemos hacer prácticamente todo lo demás”.

De 37 años, Eduardo Iga suele decir que primero intenta las cosas y después descubre si son posibles. Esa filosofía lo ha llevado a abrirse paso en un medio donde durante años le dijeron que no había lugar para alguien con discapacidad visual frente a un micrófono deportivo.

Hoy narra partidos, conduce un programa especializado y sigue preparándose todos los días. Porque, como deja claro, la verdadera limitante nunca ha sido la falta de vista, sino con quienes “te vayas topando en el camino”.

Ethel Arredondo

Ethel Arredondo es periodista con 24 años de trayectoria en medios de comunicación, entre ellos Milenio, Periódico Express, Multimedios Televisión y Heraldo Radio Laguna. Actualmente colabora en El Coahuilense, donde cubre temas como política, seguridad, cultura, salud pública y derechos humanos.

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