“De que gane el PRI a Morena, que gane el PRI”

junio 23, 2026
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Por Valeria López Luévano

Para nadie es una sorpresa el resultado de este proceso electoral en Coahuila, por lo menos no para quienes, más allá de nuestras preferencias políticas, teníamos claro el análisis de cómo están las cosas en nuestro estado.

Sabemos cuál es la metodología que sigue el PRI para que la entidad siga siendo su único bastión. Sabemos bien de sus estrategias de compra del voto, de su gran estructura integrada y manipulada por las ya muy conocidas lideresas de colonia; sabemos del acarreo. Pero también tenemos claro que Morena hizo, a su modo, lo mismo: desde pagar movilizadores para llamar a las personas y preguntarles si habían salido a emitir su voto, hasta el acarreo descarado y la coacción mediante los programas del gobierno federal, aunque lo nieguen hasta el cansancio.

Pero más allá de las estrategias utilizadas por el PRI, y de que la participación política en esta elección no haya sido la más concurrida, en Coahuila el comentario generalizado de la población era y sigue siendo, en resumen, que “de que gane el PRI a Morena, que gane el PRI”, algo que refleja la percepción que la ciudadanía tiene de lo que cada uno de estos proyectos representa.

Para los coahuilenses los días de la guerra contra el narco no se olvidan. Es difícil olvidar que, en algún momento, Torreón, Coahuila, fue catalogada como una de las ciudades más peligrosas del mundo; que los cuerpos destazados y colgando de los puentes, acompañados de narcomantas, aterrorizaron la ciudad, y que la vida nocturna era casi imposible porque de facto existía un toque de queda.

Morena llegó a la Presidencia y a las gubernaturas de la mayoría de los estados de nuestro país siguiendo una narrativa de ser la esperanza de México. Sin embargo, en su ejercicio de gobierno en los tres niveles –municipal, estatal y federal– hemos visto las mismas prácticas que en su momento pretendieron desmantelar: corrupción, desvío de recursos, nepotismo y la crisis de inseguridad que vive nuestro país, la cual con Morena no ha hecho otra cosa más que aumentar, por mencionar sólo algunos ejemplos.

Estados como Colima, Sinaloa, Zacatecas, Estado de México y Michoacán son considerados entre los más violentos del país, y en todos ellos gobierna Morena. Si algo influyó para que en Coahuila la gente prefiera y vote por el malo conocido, es la idea de que “por lo menos tenemos paz”. Algo debemos reconocerle al PRI: en los últimos años ha reforzado con éxito la narrativa de que en Coahuila hay paz y seguridad, a diferencia de lo que ocurre en gran parte del resto del país.

Si Morena no ha cumplido con ser la esperanza que la gente buscaba ni ha acabado con la corrupción, en Coahuila muchas personas prefieren seguir con el PRI, que también es señalado por corrupción, mentiras y abusos, pero que, desde la percepción ciudadana, les permite vivir con tranquilidad.

En Coahuila ese escenario nos resulta complicado para quienes militamos en partidos como Movimiento Ciudadano, pues buscamos posicionarnos como una alternativa viable de una manera distinta de hacer política.

La militancia y los gobiernos que encabezamos tendremos que demostrar mediante acciones y buenos gobiernos, que vale la pena que la ciudadanía confié en nosotros.

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